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				<journal-title>Revista Caracol</journal-title>
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				<publisher-name>Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo</publisher-name>
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					<subject>VARIA</subject>
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				<article-title>San Pablo según Perlongher: la presencia de la poesía de Roberto Piva en los ensayos de ciencias sociales</article-title>
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					<trans-title>San Pablo according to Perlongher: the presence of Roberto Piva´s poetry in the social science essays</trans-title>
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						<surname>Torres</surname>
						<given-names>María Guillermina</given-names>
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					<institution content-type="original">Doctora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata, donde trabaja como docente en las materias Literaturas Lusófonas I y II. En su investigación estudió los exilios de Manuel Puig y Néstor Perlongher en Brasil. Argentina</institution>
					<institution content-type="orgname">Universidad Nacional de La Plata</institution>
					<country country="AR">Argentina</country>
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				<corresp id="c1">Contato: <email>torresrecaguillermina@gmail.com</email>
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				<year>2022</year>
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			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jul-Dec</season>
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			<issue>24</issue>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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				<title>Resumen</title>
				<p>Este artículo propone abordar algunas de las singularidades de la escritura ensayística de Néstor Perlongher entramadas en un cruce entre la labor académica y la traducción de poesía. A partir de su traducción de poemas del paulista Roberto Piva incluidos en sus ensayos de antropología urbana, podrá verse de qué manera el argentino cuestiona los parámetros epistemológicos y disciplinares con los que eran abordados los fenómenos sociales brasileños de los que él mismo fue testigo. Perlongher establece así un diálogo productivo con el autor de <italic>Paranóia</italic> (1963) del que se vuelve un <italic>contemporáneo</italic> y encuentra un camino para revisar el presente brasileño desafiándolo con una escritura que logra poner en jaque los usos legítimos del cuerpo y las premisas de construcción de conocimiento. Finalmente, para retomar el interrogante acerca del modo en que la escena cultural porteña leyó su producción en ciencias sociales, se repara en la recepción de uno de sus ensayos en la revista argentina <italic>La letra A</italic>.</p>
			</abstract>
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				<title>Abstract</title>
				<p>The aim of this article is to study some of the singularities of Néstor Perlongher's essay writing developed through an intersection between his academic work and the translation of poetry. By his translation of the São Paulo writer Roberto Piva, included in his essays on urban anthropology, the Argentine sought to question the epistemological and disciplinary parameters to approach the Brazilian social phenomena that he himself witnessed. Perlongher establishes a productive dialogue with the author of <italic>Paranóia</italic> (1963) of whom he becomes a <italic>contemporary</italic> and finds a way to review the Brazilian present by challenging it with a writing that succeeds in shaking, at the same time, the legitimate uses of the body and the premises of knowledge construction. Finally, in order to interrogate the way in which the Buenos Aires cultural scene read his social science production, this paper focuses on the reception of one of his essays published in the Argentine magazine <italic>La letra A</italic>.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>PALABRAS CLAVE:</title>
				<kwd>Perlongher</kwd>
				<kwd>Ensayos</kwd>
				<kwd>Piva</kwd>
				<kwd>Ciencias sociales</kwd>
				<kwd>La letra A</kwd>
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				<title>KEYWORDS:</title>
				<kwd>Perlongher</kwd>
				<kwd>Essays</kwd>
				<kwd>Piva</kwd>
				<kwd>Social science</kwd>
				<kwd>La letra A</kwd>
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		<p>Néstor Perlongher dejó la Argentina en 1981 luego de haber vivido situaciones de violencia con las autoridades policiales y se radicó en San Pablo donde murió en 1992. Su experiencia brasileña, un exilio extendido y sin retorno, puede ser interrogada en su producción escrita a lo largo de esa década a partir del rastro que dejó la <italic>escritura entre lenguas,</italic> un ejercicio que involucró la traducción y los diversos usos del portugués. Como dice Roberto Echavarren, instalado en el trópico, Perlongher se volvió un “abrasilerado” -expresión suspicaz que señala la adopción de una nacionalidad en términos de una pose díscola, amanerada- que hizo del portuñol “una respuesta estilística a la separación tradicional que caracteriza las literaturas hispana y portuguesa dentro de nuestro continente” (2012, 8-9). Además de involucrar esa lengua resbalosa (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Gasparini, 2021</xref>, 172) en su poética, Perlongher fue traductor de un grupo heterogéneo de escritores brasileños: principalmente de Haroldo de Campos, pero también de Roberto Piva y Murilo Rubião. Esa <italic>escritura entre lenguas</italic>, entonces, se inmiscuye en sus escritos transformado su poética y en ocasiones abre un diálogo, a veces explícito, otras en filigrana, con obras, poéticas, estéticas, tradiciones, que dibujan una red de distintos actores y circuitos culturales del Brasil de los ochenta. </p>
		<p>Fue desde el exilio que Perlongher publicó en Argentina casi la totalidad de su obra poética, participando además en diversas revistas y suplementos como <italic>El Porteño</italic>, <italic>Cerdos &amp; Peces</italic>, <italic>La letra A</italic>, <italic>Fin de Siglo</italic>, <italic>Babel</italic>, <italic>Diario de Poesía</italic>, <italic>Sitio,</italic> medios a los que enviaba sus reseñas, crónicas y ensayos. Sin embargo, debe subrayarse que muchos de estos textos circularon también en portugués en medios brasileños, entre los que se destaca uno de los diarios más importantes de la capital paulista, <italic>Folha de São Paulo</italic><xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref><italic>.</italic> Estas intervenciones en la prensa, en su mayoría escritos ensayísticos, resultan inseparables de su labor como antropólogo y, en particular, de su investigación para escribir su tesis de maestría sobre la prostitución masculina en San Pablo<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref>. De hecho, la llegada a Brasil de Perlongher estuvo directamente asociada a la posibilidad de conseguir un puesto como becario en UNICAMP, institución donde fue profesor de Antropología Urbana y donde consolidó un ejercicio intelectual sostenido que lo llevaría a realizar estudios en Francia, a comenzar un doctorado sobre la obra de Osvaldo Lamborghini y, sobre el final de su vida, a ser reconocido con el otorgamiento de una beca Guggenheim con un proyecto sobre los ritos sacros del Santo Daime. </p>
		<p>Este artículo delinea una faceta del escritor entramada en un cruce entre la labor académica y la traducción de poesía, que permite dar cuenta de las singularidades de su escritura ensayística y, asimismo, articular una escena contemporánea brasileña con la que Perlongher estableció un diálogo productivo. La propuesta será seguir el rastro de la traducción de poemas de Roberto Piva que Perlongher realizó e incluyó en sus ensayos enmarcados en el discurso de la antropología urbana. Podrá verse de qué manera esa inclusión estuvo orientada a cuestionar los parámetros epistemológicos y los límites disciplinares con los que eran abordados los fenómenos sociales brasileños de los que él mismo fue testigo. Tal como la leyó Perlongher, la poesía de Piva afirma la potencia disruptiva que habita todo orden posible, en tanto en ella se figura una experiencia delirante de la ciudad de San Pablo que transforma la grilla pública en un territorio erótico. De esta manera, el antropólogo argentino hace de este poeta surrealista y de culto de la década del sesenta su <italic>contemporáneo</italic> en la urbe paulista en la que vivió y sobre la que escribió dos décadas después. Perlongher encuentra así un camino para revisar el presente brasileño desafiándolo a partir de una escritura que logra poner en jaque, a la vez, los usos legítimos del cuerpo y las premisas de construcción de conocimiento. Por último, para retomar el interrogante acerca del modo en que la escena cultural porteña leyó su producción en ciencias sociales se repara en la recepción de uno de sus ensayos en la revista argentina <italic>La letra A</italic>.</p>
		<p>Se abordarán dos ensayos en los que Perlongher tradujo y citó al autor de <italic>Paranóia</italic> (1963), “Devenires minoritarios” y “Poética Urbana”, con miras a considerar lo que esa incorporación pone en juego, es decir, la relectura de su presente a partir de un poeta marginal de la tradición brasileña en el marco de un cuestionamiento a los modos en que ese presente era interpretado por las ciencias sociales. Así, se podrá continuar indagando en esa experiencia de exilio, en particular en su dimensión temporal, puesto que la elección de poemas que Piva escribió en los años sesenta puede entenderse como un gesto de anacronismo orientado a aferrar una <italic>contemporaneidad</italic> en el sentido en que la planteó Giorgio Agamben: Piva se vuelve contemporáneo de Perlongher porque es con ese poeta paulista que el argentino, en su escritura de ensayos, logra desfasar y descomponer las cronologías, desagregando con su presencia la lisura de su época. </p>
		<p>En las reflexiones que Agamben realizó a partir de las <italic>Consideraciones Intempestivas</italic> de Friedrich Nietzsche, el lazo entre contemporaneidad y marginalidad está supuesto ya que, es contemporáneo a su época quien no coincide a la perfección con ella y le es inactual, cualidad que, sin embargo, le permitiría ser “más capaz que los otros de percibir y aferrar su tiempo” (2011, 18). La filiación de los contemporáneos se arma justamente allí, en el revés de las pautas y consignas dominantes. Durante sus años de exilio Perlongher sobreimprime y desarticula su presente, en tanto con su escritura tensa y cuestiona un trecho que se extiende desde los sesenta hasta los ochenta por un Brasil que transitó el sueño revolucionario, el milagro económico, el endurecimiento dictatorial y un caótico proceso de reapertura democrática. Perlongher llega a San Pablo precisamente en la efervescencia de este último proceso que buscó una nueva configuración de los modos de intervención social a partir del comportamiento individual y contracultural -la consigna: “lo personal es político”. Lo que en ese entonces se conoció como <italic>desbunde</italic> nombraba una transformación en las conductas ciudadanas, asociada a un modo de vida que desafiaba al clima represivo a partir de una práctica sexual liberada y la afirmación de una cotidianeidad gozosa, ambos entendidos como gestos políticos. </p>
		<p>En este marco, Perlongher hace de las producciones de Piva una hendija con la que entrever los indecibles de casi tres décadas, y articula en su presente un tiempo otro a través de una literatura en la que el cuerpo y su erotismo funcionan como una potencia desbaratadora de los modos de habitar, leer y de encontrarse con los otros<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>. La de Piva es, como afirma Mario Cámara, una escritura “libertina y libertaria” (<xref ref-type="bibr" rid="B7">2013</xref>, 162) que, entre el sexo y la violencia, figura el goce de una experiencia extrema que lleva al cuerpo al encuentro con su propio límite y lo convierte en un territorio para la suspensión de los discursos que reglan el ordenamiento urbano y libidinal. Entre ellos están los discursos de las ciencias sociales -la antropología, la sociología- que buscan rastrear, catalogar, interpretar, contener e incluso prever los flujos que vinculan a los sujetos. De allí que en poemas como “Visão de São Paulo à noite”, tal como se verá, Perlongher encuentre una <italic>letra perversa</italic> con la que dar cuenta de aquello que estas disciplinas velan o evitan. </p>
		<sec>
			<title>PIVA EN LOS ENSAYOS DE CIENCIAS SOCIALES DE PERLONGHER</title>
			<sec>
				<title>1. </title>
				<p>En 1982, por invitación de la analista brasileña Suely Rolnik, Félix Guattari realizó una gira por algunas ciudades de Brasil. A partir de esta visita, el filósofo francés señaló allí la presencia de una “crisis de los modos de subjetivación” correspondientes al orden mundial capitalista, desencadenada por un “estallido de las minorías” (negros, mujeres, indios, homosexuales). Según Guattari, estas estaban llevando a cabo una “revolución molecular” que implosionaba los paradigmas normativos de la personalidad social brasileña y buscaban “crear sus propios modos de referencia, sus propias cartografías, […] inventar su praxis de manera que produzcan aperturas en el sistema de subjetividad dominante” (2006, 70). </p>
				<p>El conjunto de estas observaciones y el registro de ese viaje fue luego publicado en el importante tomo: Micropolítica. Cartografías del deseo en 1986, al que unos años más tarde, en 1991, Néstor Perlongher le dedicaría un comentario en el ensayo titulado “Los devenires minoritarios”, publicado en Uruguay en el segundo volumen de la compilación a cargo de Christian Ferrer titulada El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista. Allí, Perlongher toma las apreciaciones de Guattari como punto de partida para dar lugar a la pregunta que orienta su escrito y que apunta a indagar en las transformaciones sociales que, según él, habían tenido lugar en el trecho que separaba la visita de Guattari y el presente de su escritura, es decir, entre 1982 y alrededor de 1988. El texto despliega su argumentación entre la antropología y la etnografía, y el peso de la reflexión sobre las herramientas y perspectivas de análisis es el mismo, sino mayor, que el de las conclusiones a las que arriba respecto de aquello que observa. En este sentido, el ensayista busca ubicarse en la estela de Guattari y Rolnik, y con ellos actualizar y dar continuidad a su investigación, para lo cual cree necesario discurrir y tomar posición respecto de la adecuación metodológica para el abordaje de los fenómenos a los que se aboca<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>. El texto recupera y usa términos centrales para el seguimiento de la exploración de Guattari: prioriza la definición de la noción “cartografía deseante” -los objetivos de su trazado y el perfil de quien realiza la tarea-, y otras categorías que la orbitan. Toda esta batería teórica ya había sido leída y estudiada por Perlongher en los volúmenes El AntiEdipo y Mil mesetas, y formaban parte fundamental de las herramientas de las que disponía para escribir sobre las formas inéditas de habitar las ciudades y, en particular, acerca de lo que llamó “otro Brasil”. </p>
				<p>Una vez planteado el marco, entonces, “Los devenires minoritarios” delinea su propia hipótesis sobre los cambios ocurridos a lo largo de la década del ochenta a partir de una observación que ha ido modulándose también en los escritos de Perlongher sobre homosexualidad: la transformación de esta experiencia intensiva que fueron los “procesos de singularización” llevados adelante por las minorías en la consolidación de una identidad tranquilizadora; es decir, en el caso de los homosexuales, el desplazamiento hacia un modelo de sexualidad normativizada según las relaciones sociales hegemónicas -en particular, la monogamia- y por el que estos se verían reducidos a un <italic>gueto</italic> identificable<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref>. La argumentación sostiene que ese tránsito hacia la búsqueda de una afirmación de la identidad puede pensarse en términos de una “ruptura del orden [que] va a transformarse en una demanda de conocimiento por y en ese mismo orden” (2013, 87). De esta manera, se pone en escena una reflexión que se vuelve a la vez una observación antropológica y una discusión epistemológica acerca de los modos de inteligir en el Brasil contemporáneo esa retracción de las fuerzas disruptivas del orden social. </p>
				<p>Si bien es cierto que las minorías y su estallido, según su hipótesis, fueron protagonistas en el turbulento proceso de apertura democrática, en el orden del discurso Perlongher postulaba “cierto endurecimiento compensatorio que tiende a cortar los lazos con las experimentaciones mutantes y pasa a girar sobre sí mismo, en el confort de los enunciados oficiales u oficiosos” (2013, 90). De allí una segunda hipótesis: evidentemente el discurso de las ciencias sociales -ya sea más o menos marxista o estructuralista-, en su pulsión categorizadora y ordenadora, deja fuera de sus análisis sobre el comportamiento colectivo de las poblaciones urbanas la circulación de una energía intensiva que le resulta <italic>incomprensible</italic><xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref><italic>.</italic> Entonces, a pesar de este pesimismo inicial, el ensayo se dirige a enfatizar microfenómenos de fuga e instancias de resistencia a estos intentos de los discursos de aplanar las singularidades. Así, a la vez que advierte esta transformación de la diferencia en identidad, sostiene que, aunque eso se cumpla, hay aún, en cada hecho caótico de la ciudad, un impulso deseante que, obstinado, opera un temblor que puede y debe ser percibido. </p>
				<p>En este sentido es que, como se dijo, en la primera parte del ensayo Perlongher da un lugar de especial relevancia a la noción de “cartografía deseante”, para pensar con Guattari y Rolnik los estudios geográficos y poblacionales. El cartógrafo deseante, comenta, es aquel que lleva adelante una apuesta teórico-metodológica por la que, en vez de fijar puntos en un mapa definitivo y desde un eje nodal, busca captar las fuerzas y las fugas que van reconfigurando constantemente un mapa múltiple, heterogéneo y simultáneo de una ciudad que el cartógrafo mismo recorre para crear nuevos territorios. Ese mapa será, dice: “Carta, si se quiere, de navegación, kayak inestable sobre la turbulencia del torrente por las vicisitudes de las peregrinaciones nómades, los avatares de los impulsos de fuga, los (corto)circuitos de los afectos desmelenados” (81). </p>
				<p>Pero, además, Perlongher sugiere que, así como esta antropología cartográfica, también la literatura puede funcionar como carta de navegación. Ésta, por su parte, dispone de dos opciones posibles: puede, o bien volver sensibles por la escritura esas fugas del deseo donde se encuentran los “afectos desmelenados”, o bien enunciar una grilla que aporte al establecimiento de identidades, zonas, comportamientos y sentidos, un plano incorpóreo y mental que aplaque las fuerzas irracionales y sensuales. Si Perlongher, como se verá, encuentra en la literatura de Piva una apuesta por la primera opción, para la segunda propone a la literatura de Jorge Luis Borges. A primera vista, resulta ya evidente la brecha que separa y hasta contrapone las ciudades orilleras del escritor de “Hombre de la esquina rosada”, habitadas en el silencio del atardecer por sujetos cavilosos, con los oscuros recovecos de las megalópolis de intercambios masculinos carnales y afectivos que le interesan a Perlongher. Sin embargo, el camino que elige el ensayista para distanciarse de quien en otras ocasiones ha referido como “la sombra ciega” de la literatura argentina (2004, 242) es menos previsible. </p>
				<p>El comienzo del ensayo es contundente: “En un cuento de Borges, el emperador de un país imaginario ordena realizar una cartografía tan exacta y mimética, una reproducción en tamaño natural del territorio, que, lanzada la población a esa tarea, la vida social se paraliza” (80). Se trata de una referencia -sin nombrarla- a una brevísima ficción titulada “El rigor de la ciencia”, incluida en <italic>El hacedor</italic>, (falsamente) atribuida por Borges a Suárez Miranda. El relato, leído en su totalidad, es más bien una parábola en la que se narra esta monumental y al tiempo absurda tarea. En ella, el “Arte de la Cartografía” se encuentra con su límite al llevar al extremo sus operadores básicos, es decir, las mediciones y los cálculos de proporciones. Así, el mapa se vuelve completamente inútil y, de allí, el penoso final de las Disciplinas Geográficas, cuyo trabajo se ha convertido en una reliquia despedazada y entregada a “las Inclemencias del Sol y los Inviernos” (1974, 847). Pero Perlongher, para posicionar a Borges en su ensayo del lado de esa absurda y estéril ciencia rigurosa, decide ignorar por completo el carácter irónico del relato al omitir su final -el destino de la empresa-, y reduce la anécdota a la voluntad que da pie a la narración, es decir, la de hacer un mapa que aluda a un territorio en términos de una representación idéntica, punto por punto; lo que Guattari y Deleuze llamaron <italic>hacer el calco</italic>, una operación cuya lógica es la de la reproducción y el soporte de estructuras jerarquizadas (2002, 18). De este modo, más que debatir la pertinencia de la anécdota, el ensayista realiza una operación de lectura por la cual ubica a Borges en un mapa -esta vez, literario- que ha venido realizando en otros ensayos<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>. En él, el escritor centro y faro de las letras argentinas deviene representante de una literatura logocéntrica, bienpensante e hiposensual que Perlongher confronta con aquella literatura que consigue captar en la escritura la irrupción del deseo en tanto potencia que habita cualquier configuración social desbaratándola. Al ensayo de antropología perlonghereano le interesa incorporar esta última justamente porque la considera capaz de señalarle a los mecanismos hermenéuticos de las ciencias sociales una fuerza que se les vuelve imperceptible. </p>
				<p>A continuación, el ensayo arroja uno de sus interrogantes centrales: ¿dónde buscar en las discursividades producidas en Brasil la afirmación de aquella fuerza que silenciosa pero persistentemente continúa trabajando en el tejido social?, ¿en qué escrituras encuentra voz esa “muda pasión”? Su respuesta es categórica: “No más que poetas como Roberto Piva se muestran capaces de ver -en versos como `adolescentes maravillosos incendian reformatorios´- el contenido deseante de esas fugas” (2013, 90-91). Esta apuesta por una literatura capaz de captar, en algún lugar de la letra, la afirmación del deseo, busca trazar un vericueto dentro del discurso de las ciencias sociales, acusadas de evadir o suprimir ese deseo en función del éxito de sus propios esquemas de inteligibilidad. </p>
				<p>Para incluir en este escrito una cita de Roberto Piva, Perlongher realiza una traducción y un recorte de dos versos de “Paranóia em Astrakan”, del libro <italic>Paranóia</italic>, de 1963. Este poema despliega una percepción delirante y pesadillesca del espacio urbano paulista, el que se enfatiza por la presencia de doce pares de versos encabezados por la preposición “donde”. Entre ellos se encuentra el que Perlongher cita, traduce y transforma: “<italic>onde adolescentes maravilhosos fecham seus cérebros para os telhados</italic> / <italic>estéreis e incendiam internatos</italic>” (2000, 27). En la traducción incluida en el ensayo se omite un fragmento y se realiza una condensación que focaliza en los elementos que interesa hacer resonar: la voz de un yo que observa gozosamente el impulso destructivo de jóvenes marginales. Eso que se condensa señala, entonces, la potencia de la literatura para dar a ver en la letra el punto justo en el que goce y violencia se encuentran por obra del deseo, la fuerza que guía la insurgencia social. </p>
				<p><italic>Paranóia</italic> fue el primer poemario del poeta paulista Roberto Piva, publicado cuando contaba con apenas veinticinco años. Su editor fue Massao Ohno, quien ya había incluido a Piva en la antología de poesía titulada <italic>Antologia dos novíssimos</italic>, de 1961, con la que señaló la existencia de una nueva generación de poetas paulistas<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref>. El grupo de lectores de la poesía de Piva estuvo conformado inicialmente por una “periferia rebelde” (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Sousa Chaves, 2014</xref>) de amigos artistas -Cláudio Willer, António Fernando de Franceschi, Roberto Bicelli y Rodrigo de Haro- y algunos otros selectos que seguían el proyecto cultural de Ohno. Sérgio Cohn recuerda que el libro fue recibido con escándalo por su “<italic>linguagem antipoético e pornográfico</italic>” (2012, 14) y, para Cláudio Willer, en un ambiente conservador e impregnado de <italic>belletrismo</italic>, la recepción fue un “<italic>silêncio total</italic>” (2005, 153), justificado no tanto en el vocabulario como en su carácter no discursivo. </p>
				<p>Una década más tarde, con la publicación de la antología realizada por Heloísa Buarque de Hollanda, <italic>26 poetas hoje</italic> (1976), Piva fue incluido dentro de lo que se denominó luego como “poesía marginal”. Más allá de cuán certera pudo haber sido su inclusión -basada evidentemente en el componente contracultural- dentro de este grupo de poetas bastante más jóvenes que él y en su mayoría de Río de Janeiro, se pone en evidencia la resistencia a la lectura de Piva en los años sesenta, momento en que la legitimidad del arte se asentaba en los parámetros del compromiso político que grupos artísticos como los vinculados a los Centros Populares de Cultura habían instalado con la consigna “fuera del arte político no hay arte popular”, o bien en la estela de la hermética exigencia formal de la vanguardia concreta que había conquistado el centro del panorama literario brasileño unos años antes<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref>. En este sentido, Piva, quien sostenía que su poesía constituía un “acto sexual”, una “agresión” cuyo fin era la más íntima de las uniones (2005, 129), puede considerarse un representante de la “Generación del 60” que escapaba de las demandas de las instituciones literarias bienpensantes o biencomportadas -fueran estas de izquierda o de derecha, revolucionarias de la forma o del mensaje- y en la que para muchos el surrealismo era una marca fundamental (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Willer, s/d</xref>). <italic>Paranóia</italic> es un poemario sobre la experiencia en la ciudad paulista de la década del sesenta, cuyos versos recorren el mundo nocturno y velado de una megalópolis industrial que encarnaba la consolidación del proyecto económico e industrial de Brasil, alucinándola. Avenida São Luís, Rua das Palmeiras, Praça da República, Largo de Arouche, Parque Ibirapuera son algunos de los puntos centrales en los que el mapa imaginario se superpone con la grilla establecida y donde se vislumbra un territorio propicio para nuevos devenires posibles para quien se deja perder en las derivas del deseo. El yo lírico atraviesa sus calles cantándole a sus personajes en un transitar regido por la intensidad sensorial que desarticula los usos previstos del espacio público y del cuerpo, en la medida en que con su recorrido transforma el mármol de las estatuas en las plazas y el plástico de los maniquíes en las vidrieras en imágenes que, en contacto con el cuerpo erizado, se erotizan. </p>
				<p>Ese deseo tiene una predilección: los cuerpos de jóvenes lumpenizados, referidos como ángeles, queribunes, efebos que lustran botas en las esquinas mientras planean su próximo desastre. Piva es el poeta pederasta y su escritura perversa le otorga al poema una potencia política transgresora al tiempo en que ubica al yo lírico dentro de un colectivo signado por la marginalidad: la pandilla de amigos degenerados, consumidores de droga, ladrones de baja estofa, cuya unión se encuentra en las antípodas de una cohesión social organizada a partir de una identidad reglada por el poder estatal. El sexo indócil de perversos mancomunados caracteriza un modo de vida alternativo, la de aquellos que no respondiendo a un uso normado y productivo del cuerpo -el trabajo, la procreación-, mantienen una intensidad afectiva inesperada e inasimilable. </p>
			</sec>
			<sec>
				<title>2. </title>
				<p>Perlongher acude nuevamente a la poesía de Piva en 1989, esta vez de manera extensa a partir de la traducción del poema “Visão de São Paulo à noite. Poema antropófago sob narcóticos”<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref>, cuando lee en Buenos Aires en el “Coloquio Internacional Creatividad, Arquitectura, Interdisciplina” un ensayo titulado “Poética urbana”, el que aparecería publicado dos años después en la revista <italic>La letra A. Publicación anarquista</italic>. En este escrito, Perlongher vuelve a reflexionar acerca de los modos convenientes de abordar una observación antropológica sobre la ciudad y el comportamiento social, y aquí propone el acto de perderse como vía posible y preferible para conocerla. Entre otras, la apoyatura teórica de la que se sirve mayoritariamente para sostener su propuesta es una vez más la elaborada por Guattari y Deleuze y, en particular, las nociones de nomadismo y cartografía intensiva. La ciudad, propone el ensayista, se <italic>conoce</italic> con el cuerpo, por las sensaciones -olores, temperaturas, texturas, colores, ruidos- que lo hacen vibrar y entrar en un estado extático, un estado de delirio que lleva al observador a “disponerse a captar las tramas sensibles que la urden y escanden, las `condensaciones instantáneas´ que entretejen el (corto) circuito emocional” generando sus climas y sus afectos (1991, 10). En este sentido, la perspectiva que desarrolla en el ensayo se encamina, de nuevo, como un desafío a las disciplinas encargadas de inteligir y planear la vida en la urbe.</p>
				<p>Así, pensar la ciudad será <italic>sentirla</italic> e <italic>inventarla</italic>. De esta manera, para continuar su argumentación Perlongher retoma la pregunta acerca de dónde encontrar la materia capaz de dar cuenta de ese saber como experiencia. La respuesta a este interrogante es, una vez más, la poesía.</p>
				<disp-quote>
					<p>Vivir la ciudad es sentirla, y en ese sentimiento inventarla. No es una invención individual subjetiva, sino colectiva, “impersonal” y se transmite, a la manera de un contagio entre cuerpos en contorsión tremolante, a través de un plano de percepción que es el de la intuición sensible. El carácter poético de la intuición que sería, por así decir, la manera de percepción de lo sensible (10-11).</p>
				</disp-quote>
				<p>Como se lee en la cita, sobre el final del párrafo la poesía es postulada como la <italic>via regia</italic> para acceder a un conocimiento “sensible” de la experiencia urbana: la ciudad genera imágenes que solo la poesía puede captar sensiblemente o, a la inversa, la poesía es la única capaz de generar imágenes sobre la ciudad que expresan una experiencia sensible. En este marco, entonces, Perlongher introduce el poema de Piva: </p>
				<verse-group>
					<label>VISIÓN DE SAN PABLO A LA NOCHE</label>
					<verse-line>Poema Antropófago bajo el efecto de Narcóticos por ROBERTO PIVA</verse-line>
					<verse-line><italic>En la esquina de la calle San Luis una procesión de</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[mil personas enciende velas en mi cráneo</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>hay místicos diciendo estupideces al corazón de las</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[viudas</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>y un silencio de estrellas parte en un vagón de lujo</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>un fuego azul de gin y alfombra colorea la noche,</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[los amantes chúpanse como raíces</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>Maldoror en copas de alta marea</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>en la calle San Luis mi corazón mastica un trecho de</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[mi vida</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>la ciudad de crecientes chimeneas, ángeles lustrabotas</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[con su jerga</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[feroz en la plena alegría de las plazas, niñas</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[desharrapadas</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[definitivamente fantásticas</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>hay una floresta de víboras en los ojos de mi</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[amigo</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>la luna no se apoya en nada</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>yo no me apoyo en nada</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>soy un puente de granito sobre ruedas de garajes</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[subalternos</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>teorías simples hierben en mi mente enloquecida</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>hay bancos verdes aplicados al cuerpo de las plazas</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>hay una campana que no toca</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>hay ángeles de Rilke culeando en las letrinas</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>glorificado reino-vértigo</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>espectros vibrando espasmos.</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>besos resonando en una bóveda de reflejos</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>canillas que tosen, locomotoras aúllan</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[adolescentes roncos enloquecidos en la</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[primera infancia</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>los malandros juegan al yoyó en la puerta del Abismo</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>veo a Brama sentado en flor de loto</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>a Cristo robando la caja de los milagros</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>a Chet Baker gimiendo en la victrola</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>siento el choque de todos los cables saliendo por las</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[puertas partidas del cerebro</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>veo putas putos patanes torres plomos chapas chopps</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[vidrieras hombres mujeres pederastas y</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[niños que se cruzan</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>y se abren en mí como luna gas calle árboles luna</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[medrosos surtidores</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>colisión en el puente ciego durmiendo en la</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>vidriera del horror</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>me disparo como una tómbola</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>la cabeza se me hunde en la garganta</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>llueve sobre mí la vida entera, ardo fluctúo me sofoco</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>en las tripas, mi amor, cargo tu grito como un tesoro</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[hundido</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>quisiera derramar sobre ti mi epiciclo de ciempiés</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[liberados</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>ansia furiosa de ventanas ojos bocas abiertas,</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[torbellinos de vergüenza</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[correrías de marihuana en picnics flotantes</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>avispas dando vueltas en redor de mis ansias</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>niños abandonados desnudos en las esquinas</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>ángeles vagabundos gritando entre las tiendas y los</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[templos, entre la soledad y la sangre, entre</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>[las colisiones, el parto</italic></verse-line>
					<verse-line><italic>y el Estruendo</italic></verse-line>
					<verse-line>de PARANOIAS (1968)</verse-line>
					<verse-line>Traducción: Néstor Perlongher (12-13)<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref>
					</verse-line>
				</verse-group>
				<p>En el poema, el yo poético y la ciudad son una y la misma cosa en una mutación vertiginosa hacia lo que se escenifica como una violencia destructiva en tanto contingencia que dura lo que se extiende la visión. En este sentido, la palabra “Visión” más que poner en juego una voz apodíctica acerca del trágico final hacia el que se encaminaría la ciudad moderna, lo que anuncia es un estado de la percepción con el que se experimenta la noche paulista: el delirio que desplaza la razón. Bajo el efecto narcótico, ese yo poeta, un transeúnte errático, percibe aquello que otros no pueden ver y, sobre todo, no pueden sentir: el presente ruinoso alojado en rincones abyectos que el día de la ciudad “de crecientes chimeneas”, solo interesada por lo que se mueve en dirección a lo que considera su progreso, tapan en función de su productividad. El cuerpo está entregado al trance -dice “ardo”, “fluctúo”, “me sofoco”- para hundirse en y con la ciudad en una experiencia extrema de goce y violencia que, a su vez, la transforma. La multitud anónima genera el clímax del poema: la imagen de un magma ondulante de cuerpos que caminan sobre otros superpone la calle y el cráneo del poeta, figurando una unión entre el cuerpo y ciudad que no hace sino atentar contra ambos a la vez. La imagen poética se arma a partir de una enumeración que va cambiando el ritmo en la medida en que se sirve de diferentes herramientas retóricas. Entre ellas se distinguen como propias de la poética de Piva, el uso de la anáfora tanto para el armado del paisaje a partir de construcciones impersonales como en versos que enfatizan la presencia de un yo testigo para el que, tal como lo percibe Perlongher, ver y sentir forman parte de un mismo proceso. </p>
				<p>La cartografía de San Pablo que elabora la poesía de Piva, como propone Perlongher, contrasta y superpone dos mapas, uno real y extensivo, oficial y diurno que el yo poético transita para armar otro intensivo, que desarticula al anterior, poniendo en juego un plano oculto y nocturno, de modo de construir “una imagen siempre retocable o transformable a la medida de las constelaciones afectivas que la determinan” (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Deleuze, 1996</xref>, 103). San Pablo según Perlongher vía Piva está hecha de trayectos que se despliegan y contraen a partir de lazos siempre abiertos y provisorios entre lúmpenes perversos que trazan recorridos imprevistos en función de un deambuleo guiado por deseos transgresores. </p>
				<p>En el corpus de ensayos y crónicas que Perlongher escribió a lo largo de los años sobre la cultura y la política brasileña, la mirada antropológica supo desplazarse por el carnaval, el candomblé, la prostitución masculina, la religión del Santo Daime, el proceso de reapertura democrática, la situación de los homosexuales, entre otros temas. El eje que cruza todos ellos es la pregunta por el modo en que las minorías y los sectores marginales consiguen viabilizar modos alternativos de existencia que ponen en entredicho las fuerzas productoras de subjetividades cristalizadas en identidades fijas y hegemónicas. La prosa perlonghereana suele dar inicio a sus notas a partir de la construcción de imágenes barrocas que ponen al lector frente a una escena desopilante, para luego continuar en un tono testimonial que, vinculado con la observación participante propia de la investigación etnográfica, acercaba sus escritos a la retórica de la crónica. </p>
				<p>Tres notas que Perlongher publicó en <italic>Folha de São Paulo,</italic> dedicadas a la ciudad paulista comparten, en su diversidad, la búsqueda por nombrar eso que se escapa al orden social y que encuentra en los contornos frágiles de las casas de familia, espléndidamente suelto en la fiesta carnavalesca, impulsando cada pequeño acto delictivo. En “<italic>Desejo e violencia no mundo da noite</italic>”, del 14 de agosto de 1987, el cronista afirma como hipótesis que “<italic>as sucessões de furtos, roubos, assassinatos e todo tipo de latrocínios que alimentam cotidianamente os pesadelos paranoicos dos citadinos seriam, em último termo, expressões de uma violência mais visceral, que fende uma multiplicidade de plano sociais...</italic>” (10). Esa violencia, señala, proviene de los márgenes y está a cargo de <italic>pivetes</italic>, <italic>malandras</italic>, <italic>michês</italic>, vagabundos, prostitutas articulados en tribus lumpenizadas que entran en la ciudad y activan el caos. Contra la “<italic>perspectiva piedosa</italic>” que “<italic>abruma os discursos sobre a violência urbana</italic>” que para Perlongher recaen en “<italic>gestos paternalistas</italic>” o “<italic>distâncias glaciais</italic>” (10) de esos discursos, incluso contra la espectacularización escabrosa de los medios de comunicación, la nota hace aparecer lo impensado: la violencia deseada. En “A síndrome da sala”, del 11 de agosto de 1988, Perlongher se traslada de las <italic>bocas de lixo</italic> a los contornos de la clase media brasileña para realizar una reflexión sobre la desigualdad social, puntuando ese contraste en los paisajes artificiales habitados por la familia burguesa y los territorios inhóspitos de la clase popular. La argumentación se sostiene en la observación de que existirían para estas dos poblaciones zonas restringidas, definidas por la oposición entre lo pulcro y lo sucio; una suerte de política de la asepsia versus una política de la putrefacción. El contraste es generado por dos descripciones contrapuestas, donde la pesadilla se vive en el espacio público: “<italic>Lá fora, na rua, massas de nómades jogados no lixo apodrecem entre nuvens de fuligem e detritos deletérios</italic>” (2). Esa masa de cuerpos degradados existe como el reverso indeseado que amenaza el frágil umbral que separa esa pequeña sala donde las instituciones -el trabajo, la familia, el consumo- se resguardan. Finalmente, en “A força do carnavalismo”, escrito junto a Suely Rolnik y publicado el 16 de febrero de 1988, Perlongher ve otra manifestación de la cultura brasileña contemporánea en la que tiene lugar una fuga posible del orden: el carnaval, fiesta pagana de arrebato, desborde y unión “<italic>quase orgiástico</italic>” donde se ven “<italic>corpos que se enlaçam, se deixando levar pela irresistível percussão de um batuque</italic>” (3). Aquí, los autores vuelven a desafiar y distanciarse de los modos en que las ciencias sociales suelen llevar adelante el análisis en torno al carnaval<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref>. Según afirman, estas últimas lo abordan desde una “óptica de lo negativo”, es decir, una intelección del mismo como espejismo falso y efímero que mantiene al deseo que supuestamente se libera atado a la ley, reafirmando el <italic>status quo</italic> al final de la celebración. Diferentemente, la nota apunta a encontrar allí la posibilidad afirmativa de otra lógica posible: <italic>“é preciso vê-lo como manifestação de toda uma estratégia diferente de produção do desejo, que, transcendendo a fugacidade das serpentinas, escande e perturba constantemente o tecido social”</italic> (3). El carnaval es una visión, un trance sensorial donde el cuerpo vibra con otros cuerpos, efectuando novedosas conexiones expandidas en gestos y vestimentas que habilitan una modalidad minoritaria de producción de subjetividad. Tal como se ve, cuando Perlongher publica en un diario de gran tirada crónicas sobre el presente de la ciudad busca figurar esa <italic>otra lógica</italic> que también encontraba en la poesía de Piva. </p>
				<p>Así, para Perlongher, escribir y pensar la ciudad de San Pablo que habitó durante una década significó realizar un gesto controversial, dispuesto a cuestionar los discursos disciplinares que intentaban contener y alisar las interpretaciones de su presente. Para llevar adelante esta apuesta en sus ensayos evoca, traduce y cita a Piva, con cuya poesía resquebraja los marcos epistemológicos de las ciencias sociales al incorporar no solo un lenguaje que le resulta ajeno, sino además un texto publicado en los años sesenta. Traer a su producción ensayística sobre la urbe paulista a un poeta que además resultó ilegible en su época le permite figurar los ochenta como años menos transparentes, al mostrar los reversos y retraimientos del festejado <italic>desbunde</italic>; pero también insistir en que el modo para hacer vacilar cualquier cristalización del tiempo depende de señalar la persistencia del deseo como fuerza que perturba las tramas jerarquizadas del orden social. El ensayista hace su apuesta y afirma a la literatura como lengua capaz de captar esas fuerzas y detener cualquier voluntad domesticadora. </p>
			</sec>
		</sec>
		<sec>
			<title>UN EPISODIO DE RECEPCIÓN</title>
			<p>Cuando Néstor Perlongher formula sus escritos en antropología urbana destinados al estudio de las formas de organización social en la ciudad de San Pablo, como se dijo más arriba, el gesto por el cual el ensayista incorpora traduciendo a otro poeta de Brasil lleva a que el lector asista, por la singularidad y la fuerza de esa inclusión, a la selección de un contemporáneo con el que dar a ver, enturbiándolo, su presente en el exilio. Este gesto tiene así diversas implicancias políticas, estéticas, disciplinares que permiten figurar los modos en que Perlongher intervino en la escena cultural brasileña en la que trazó, no sin sinuosidades, un trayecto propio. Ahora bien, los periplos de ese trayecto también dejan su huella en la escena cultural argentina, la que se hace sensible al reparar en los espacios donde publicó esos mismos textos.</p>
			<p>Las particularidades de la publicación del ensayo “Poética urbana” en el segundo número de la revista <italic>La letra A</italic>, habilita una aproximación parcial, aunque productiva de la recepción de Perlongher en la Argentina de comienzos de los años noventa. Este proyecto libertario, dirigido por Christian Ferrer, Enrique Yurcovich, Matías Bruera y Paula Sibilia, apareció entre 1990 y 1993 y alcanzó un total de 6 números, en los que recuperaba y proponía pensadores, figuras de la historia, obras literarias y debates que ponían en escena modos de una experiencia existencial disidente. En ella, la rebeldía se formulaba como el principio rector de la conducta, desplegada en todo tipo de prácticas que lograran desarticular los registros emocionales, corporales e intelectuales, para dar lugar a “las disciplinas alquímicas y los alucinógenos indisciplinamientos” (1990, 5). </p>
			<p>En un tono que intersecta reivindicación y juego, sus integrantes anunciaban un atentado contra el lenguaje como dispositivo ordenador para sabotear toda actividad que se dirija a un fin productivo y todo enunciado orientado a concretarlo. En torno a las figuras convocadas para participar de la publicación, comenta Martín Albornoz que, si el editorial aclaraba que no era la filiación partidaria la que congregaba los nombres en sus páginas, lo que primaba era “el principio mínimo de la organización anarquista: la afinidad” (s/d, 1). Así llegan a sus páginas, entre otros, Perlongher y su amigo Osvaldo Baigorria. </p>
			<p>El autor de <italic>Alambres</italic> aparece en tres números de la publicación. Luego de “Poética urbana”, en el número 3 se publica “Poesía y éxtasis”, un ensayo dedicado a subrayar el carácter oracular de la palabra poética, capaz de propiciar un trance que, con Michel Leiris y Georges Bataille, Perlongher entiende como un <italic>salirse de sí</italic>, un abandono de la conciencia y desintegración del yo. De los márgenes urbanos de San Pablo a los ritos con ayahuasca del Santo Daime, el pasaje de un ensayo al otro revela los caminos de Perlongher por la antropología y señalan en ellos la insistencia en la palabra poética como iluminación y vía para el ingreso y la expresión de esas experiencias que ocasionan instancias de fuga. Más tarde, su nombre vuelve a las páginas de la revista en su último ejemplar compuesto por los números 5 y 6, cuando, por su fallecimiento, Baigorria y Ferrer deciden homenajearlo realizando una antología con fragmentos de su obra para mostrarlo en sus “múltiples voces” siguiendo una serie de títulos que remiten a sus perfiles de acción: “El ensayista”, “El político”, “El militante gay”, “El místico”, “El sociólogo”, “El poeta”<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref>. </p>
			<p>Una hipótesis posible en torno a la publicación del artículo “Poética urbana” en las páginas de <italic>La letra A</italic> puede formularse a partir de la consideración del lugar que tuvo en la revista la reflexión en torno a la creación de espacios imaginarios como instancias de elaboración de utopías sociales cuya función política sería fundamentalmente la de hacer sensibles modos alternativos de existencia. Ya en el primer número aparecen dos notas dedicadas a espacios inventados: “Cómo inventar un país (y engañar a todo el mundo)” de Baigorria y “Países imaginarios” de Ferrer. La primera refiere a un sultanato ficticio del sudeste asiático exento de prohibiciones, cuyos creadores lograron traspasar las fronteras de la ficción elaborando “sellos postales, papeles membretados, comunicados de prensa, cheques y hasta cassettes con el `himno nacional´ del país, que se pueden adquirir por correo por precios módicos” (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Baigorria, 1990</xref>, 8). La segunda nota, por su parte, repasa varios ejemplos de países imaginarios para afirmar que esta actividad inventiva ha recorrido la historia de la humanidad impulsando “a las masas desheredadas a forzar la marcha para irrumpir en la tierra prometida lo antes posible” (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Ferrer, 1990</xref>, 12). Así, la invención de espacios y la superposición de mapas son valoradas como formas de anegar el mundo para volverlo “fantasía, quimera y alteridad” (14).</p>
			<p>En este contexto, la San Pablo investigada por Perlongher en cuya escritura interviene la poesía de Piva sintoniza con las apuestas estético-políticas de la revista, la que prepara una recepción de la obra de Perlongher y “su alma libertaria” (1993, 5), precisamente a través de la exhibición de un perfil múltiple del escritor que enfatice su labor ensayística en ciencias sociales sin desvincularla de su trabajo con la literatura. Esto puede verse en el homenaje antes nombrado, cuando en el apartado titulado “el sociólogo”, el trenzado entre literatura y las ciencias sociales adquiere mayor notoriedad a partir del fragmento de entrevista que allí se incluye, realizada por Ferrer y Horacio González para el número 2 de <italic>El ojo mocho. Revista de crítica cultural</italic>, que dirigía el segundo junto a Eduardo Rinesi, ambos también participantes activos de los últimos números de <italic>La letra A</italic>. Este intercambio, entonces, publicado en 1992, se hacía eco del diagnóstico que habían lanzado los integrantes de <italic>El ojo mocho</italic> cuando decretaron el fracaso de las ciencias sociales en Argentina, advenido por “ciertas tendencias […] dominantes en el terreno de las ciencias sociales en general y de la sociología en particular, cada vez más dispuesta a trocar su viejo potencial crítico por el derecho a ocupar un sitial respetable en el cuadro de las profesiones institucionales” (1992, 13). Así, sus creadores apostaban por un diálogo entre saberes practicado a través del ensayo -en las vías que habilitaba su tradición en la Argentina, pero también como estilo, como escritura- como escritura de resistencia a la burocratización del pensamiento crítico, en particular, en el marco de la academia<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref>. </p>
			<disp-quote>
				<p><bold>Es poeta. ¿Cómo te sentís como sociólogo? ¿Qué significa para vos?</bold></p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>Bueno, para mí es una especie de esquizofrenia. Yo en realidad soy poeta en la argentina y antropólogo -más que sociólogo- en el Brasil. Así que es como una especie de doble personalidad. A mí…depende del momento, a veces me conflictúa, a veces me parece que es una manera diferente de acceder a varios tipos de conocimiento o de experiencia cultural. </p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p><bold>¿Por qué decís eso? ¿Por qué puede ser un modo más enriquecedor, quizás, de acceder a una experiencia cultural?</bold></p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>Bueno, porque una de las cosas que a mí me molestan es la creciente tendencia a la interespecialización y a la feudalización de los campos de saber. Entonces, los antropólogos sólo entienden de antropología y sólo leen antropología, y cuando pasan al campo de la literatura tienen los gustos generalmente poco sofisticados, no entienden. Y eso pasa en todas las áreas; entonces, eso puede ser una contribución, también, el hecho de tener un acceso a otro tipo de experimentación con la escritura. Después, ampliando un poco más el tema, se me ocurre que la escritura de las ciencias sociales es una escritura muy seca, muy triste. El hombre de las ciencias sociales es un hombre antiestético (25).</p>
			</disp-quote>
			<p>Así, en la línea que va de <italic>La letra A</italic> a <italic>El ojo mocho</italic>, entre Ferrer y González, la ensayística perlonghereana en su cruce entre la antropología y la poesía pudo ser, para estos intelectuales en la Argentina de comienzos de los años noventa, la posibilidad de tajear los límites del conocimiento disciplinar y sacudir las rutinas académicas, una vía para la revitalización del género a partir de la incursión por zonas imprevistas. La presencia de la literatura funcionó allí como testificación de una impureza insorteable que viene a problematizar los alcances de todo saber.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<ref-list>
			<title>REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:</title>
			<ref id="B1">
				<mixed-citation>Agamben, Giorgio. Desnudez. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2011.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Agamben</surname>
							<given-names>Giorgio</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<source>Desnudez</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
					<publisher-name>Adriana Hidalgo Editora</publisher-name>
					<year>2011</year>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B2">
				<mixed-citation>Albornoz, Martín. “Presentación” de La letra A. In: Archivo Histórico de Revistas Argentinas. Disponible en: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://ahira.com.ar/revistas/la-letra-a/">https://ahira.com.ar/revistas/la-letra-a/</ext-link>
				</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="webpage">
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							<surname>Albornoz</surname>
							<given-names>Martín</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<chapter-title>“Presentación” de La letra A</chapter-title>
					<source>Archivo Histórico de Revistas Argentinas</source>
					<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://ahira.com.ar/revistas/la-letra-a/">https://ahira.com.ar/revistas/la-letra-a/</ext-link>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B3">
				<mixed-citation>Baigorria, Osvaldo. “Cómo inventar un país (y engañar a todo el mundo)”. In: La letra A, I, 1, 1990, pp. 8-10.</mixed-citation>
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					<person-group person-group-type="author">
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							<surname>Baigorria</surname>
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					<article-title>Cómo inventar un país (y engañar a todo el mundo)</article-title>
					<source>La letra A</source>
					<volume>I</volume>
					<issue>1</issue>
					<year>1990</year>
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				<mixed-citation>Baigorria, Osvaldo y Ferrer, Christian. “Homenaje a Néstor Perlongher”. In: La letra A , III, 5/6, 1993, pp. 11-17.</mixed-citation>
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							<surname>Baigorria</surname>
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							<surname>Ferrer</surname>
							<given-names>Christian</given-names>
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					<article-title>Homenaje a Néstor Perlongher</article-title>
					<source>La letra A</source>
					<volume>III</volume>
					<issue>5/6</issue>
					<year>1993</year>
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				<mixed-citation>Borges, Jorge Luis. “El rigor de la ciencia”, El hacedor (1960), Obras Completas 1923-1972. Buenos Aires: Emecé Editores, 1974.</mixed-citation>
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					<person-group person-group-type="author">
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							<surname>Borges</surname>
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					<article-title>El rigor de la ciencia</article-title>
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					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
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							<surname>Buarque de Hollanda</surname>
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					<source>26 poetas hoje</source>
					<publisher-loc>Rio de Janeiro</publisher-loc>
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				</element-citation>
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				<mixed-citation>Cámara, Mario. “En los bordes internos de San Pablo: una lectura de Paranóia de Roberto Piva”. In: Timmer, Nanne (ed.). Ciudad y escritura: imaginario de la ciudad latinoamericana a las puertas del siglo XXI. Leiden: Leiden University Press, 2013, pp. 159-174.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Cohn, Sérgio. “Apresentação”, Roberto Piva por Sérgio Cohn. Coleção Ciranda da poesia. Rio de Janeiro: EdUERJ, 2012, pp. 9-65.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>González, Horacio y Ferrer, Christian. “Captar intensidades”. In: El Ojo Mocho, 2, 1992, pp. 25-31.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Perlongher, Néstor. “Desejo e violência no mundo da noite”. In: Folha de São Paulo, Cidades. São Paulo, 14 ago. 1987, p.10.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Perlongher, Néstor. “A força do carnavalismo”. In: Folha de São Paulo , Tendências e debates. São Paulo, 16 fev. 1988, p. 3. En co-autoría con Suely Rolnik.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Perlongher, Néstor. “A síndrome da sala”. In: Folha de São Paulo , Cidades. São Paulo, 11 ago. 1988, p. 2.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Perlongher, Néstor. “Los devenires minoritarios”. In: Baigorria, Osvaldo y Ferrer, Christian (orgs.). Prosa plebeya. Buenos Aires: Excursiones, 2013, pp. 80-93.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Piva, Roberto. Paranóia. Fotografado e desenhado por Wesley Duke Lee. São Paulo: Instituto Moreira Salles, 2000.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Piva, Roberto. Um estrangeiro na legião. Obras reunidas volume 1. São Paulo: Globo, 2005.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Sousa Chaves, Reginaldo. “Roberto Piva, periferia-rebelde e estética da existência”. In: Vozes, Pretérito &amp; Devir, 3, 1, 2014, pp. 94-114.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Willer, Cláudio. “Uma introdução à leitura de Roberto Piva”. In: Piva, Roberto. Um estrangeiro na legião. Obra reunida volume 1. São Paulo: Globo , 2005, pp. 144-185.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Willer, Cláudio. “Houve `geração 60´ de poetas paulistas?”. In: Academia.edu. Disponible en: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.academia.edu/36633191/Houve_gera%C3%A7%C3%A3o_60_de_poetas_paulistas">https://www.academia.edu/36633191/Houve_gera%C3%A7%C3%A3o_60_de_poetas_paulistas</ext-link>
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					<article-title>Houve `geração 60´ de poetas paulistas?</article-title>
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			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>Una descripción exhaustiva de la bibliografía de Néstor Perlongher fue realizada por Christian Ferrer como cierre del tomo <italic>Lúmpenes Peregrinaciones</italic>. Con el ánimo de enfatizar la doble orientación y pertenencia de sus escritos -entre Brasil y Argentina-, Ferrer, con tino, tituló su investigación “Bibliografía establecida. El portuñés”. Si Ferrer refiere a esa producción como “centáurica” (1996, 205), cuando piensa en los géneros y los marcos discursivos, lo mismo puede pensarse respecto de su uso de la lengua.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>Publicada como <italic>O negócio do michê. Prostituição Viril em São Paulo</italic>. São Paulo: Editora Brasiliense, 1987, y luego en español como <italic>La prostitución masculina</italic>. Buenos Aires: Ediciones de la Urraca, 1993.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>Para un tratamiento sobre el lugar del cuerpo en escritores brasileños entre la década del sesenta y del ochenta, véase: Cámara, Mario. <italic>Cuerpos paganos: usos y efectos en la cultura brasileña (1960-980),</italic> Buenos Aires: Santiago Arcos, 2011.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>La visita de Félix Guattari a Brasil movilizó en Perlongher la escritura de otros ensayos además del que forma parte del corpus de análisis del presente artículo. Me refiero a “Política y deseo” y “¿A qué vino de París Mr. Guattari?”, publicados en la revista <italic>Persona</italic>, III, 14, 1983 y en <italic>Tsé-Tsé</italic>, 7/8, 2000, respectivamente, ambos incluidos luego en la antología <italic>Papeles insumisos</italic>. En estos textos, Perlongher muestra un especial interés por la articulación que promueve Guattari entre esas minorías que provocaron las revoluciones moleculares y el partido recientemente conformado PT, teniendo en cuenta, por un lado, las estructuras sindicales -jerárquicas, patriarcales, autoritarias- y la presencia, en las filas del PT, de la Iglesia Católica. Ambas cuestiones resultan, a los ojos de Perlongher, incompatibles con las propuestas y reivindicaciones de las minorías. Esta apreciación parece estar vinculada a la experiencia del Frente de Liberación Homosexual y su relación con las filas del peronismo en Argentina en los setenta.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Siguiendo a Guattari en <italic>Micropolítica. Cartografías del deseo</italic>, la “identidad” sería un dispositivo para la circunscripción de la subjetividad a cuadros de referencias previos, mientras que los “procesos de singularización” que estarían experimentando esas minorías suspenden los modos de producción de subjetividad propuestos por la identidad y su codificación prestablecida. Así, los procesos de singularización, como la homosexualidad en tanto forma de vida, representan una reapropiación disidente. Perlongher percibía el devenir identidad de la disidencia y por tanto la pérdida de su potencia intensiva, respecto de la adopción del modelo de identidad <italic>gay</italic> proveniente de Estados Unidos. Así también, la cuestión de la normativización de la conducta homosexual y la exigencia de una identificación en el orden social fueron puntos clave de su reflexión sobre el Sida. Si bien resulta complejo sintetizar el devenir y las transformaciones del pensamiento de Perlongher sobre estas cuestiones, a modo de ejemplo, puede leerse el artículo: “La desaparición de la homosexualidad”. In: <italic>El Porteño</italic>, X, 119, 1991, pp. 12-15.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>Uso este término para referenciarlo con el modo en que Gilles Deleuze -en la traducción en español- comenta eventos operadores de subjetivación que resultaron novedosos y que funcionaron como catalíticos fundamentales para los sucesos que tuvieron lugar en Francia en 1968: “[j]ustamente porque eran incomprensibles, justamente porque no eran directamente interpretables en las coordenadas políticas de la época, en las coordenadas sindicales, en las coordenadas grupusculares, crearon ese efecto de ruptura que debía desembocar en lo que el propio De Gaulle llamó `despelote´” (El resaltado es mío. 2017, 160).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p>Ver especialmente el ensayo “Nuevas escrituras transplatinas” [Inédito]. In: Papeles insumisos. Cangi, Adrián y Jiménez, Reynaldo (comps.). Buenos Aires: Santiago Arcos, 2004.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p><italic>Paranóia</italic> incluía un conjunto de fotografías realizadas por Wesley Duke Lee tomadas en la ciudad de San Pablo luego de leer los poemas.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p>Los poemas incluidos fueron “Praça da República dos meus sonhos”, “A piedade”, “Poema de ninar para mim e Bruegel”, “Visão de São Paulo à noite”, “Visão 1961”, todos ellos pertenecientes a <italic>Paranóia</italic>. En este sentido, puede verse que el fenómeno de la poesía marginal, asociado a la contracultura, toca de cerca la historia de la recepción de la poesía de Roberto Piva. La publicación de la antología buscaba impugnar la creencia de un “vacío cultural brasileño” -expresada por Zuenir Ventura- producto de los años de dictadura, dando cuenta, por el contrario, de la existencia de lo que llamó un “<italic>surto poético</italic>”, lo que venía a mostrar no solo la presencia de la poesía en el panorama cultural, sino, además, su primacía. El libro es considerado un catalizador de las lecturas crítico-historiográficas sobre la década del setenta y si bien no decía ser específicamente de “poesía marginal”, lo cierto es que fue leída como el mapa de este fenómeno. Buarque de Hollanda mostraba con esta antología “<italic>o</italic> ethos <italic>de uma geração traumatizada pelos limites impostos a sua experiência social, pelo cerceamento de suas possibilidades de expressão e informação através da censura e do estado de exceção institucional no qual o país se encontrava</italic>” (2007, 257).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p>Perlongher escribió “Escritos com o corpo” para la reedición en 1986 del libro <italic>Paranoia</italic>, por la editorial Max Limonad. La traducción del poema realizada por Perlongher para este artículo fue además publicada en la revista de poesía <italic>Maldoror</italic> en 1992.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>11</label>
				<p>El uso de itálicas y la disposición de los versos responde al modo en que fue publicado en la revista que aquí se reproduce. Así también se mantuvieron las erratas del segundo verso (“mil personas enciende”) y de la referencia al poemario de Piva (“Paranoias” y “1968”). </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>12</label>
				<p>No se incluye ninguna referencia en particular, pero puede pensarse en el famoso ensayo de Roberto DaMatta, <italic>Carnaval, malandros e heróis. Para uma sociologia do dilema brasileiro</italic>, de 1979.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>13</label>
				<p>Ferrer es una figura central en el panorama argentino de comienzos de los noventa para pensar las tramas que articularon la recepción de Perlongher. Es quien administra e impulsa la publicación de su producción ensayística en diferentes medios gráficos, no solo en <italic>La letra A</italic>, sino también en <italic>Babel</italic>, <italic>Página/12</italic>, <italic>El Porteño</italic>, <italic>Diario de poesía</italic>, <italic>Cuadernos de la comuna</italic>, entre otros. En consonancia con lo que se dice en torno a las políticas de publicación de la revista <italic>La letra A</italic>, Perlongher se refiere a las gestiones que realiza con su obra Ferrer en Argentina como una “política de amistad” (<italic>Correspondencia</italic>, 2016: 163).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>14</label>
				<p>Sobre el ensayo véase el artículo “Elogio del ensayo”, publicado por González en la revista <italic>Babel</italic>, dentro del dossier “La escritura de las ciencias sociales: últimas funciones del ensayo”, el año previo al lanzamiento de <italic>El ojo mocho</italic>. Este escrito funciona como una suerte de prolegómeno de los principios rectores de la futura revista, nacida en las aulas de la Facultad de Ciencia Sociales de la Universidad de Buenos Aires.</p>
			</fn>
		</fn-group>
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