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				<journal-title>Revista Caracol</journal-title>
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				<publisher-name>Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.11606/issn.2317-9651.i25p705-745</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>VÁRIA</subject>
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				<article-title>“<italic>Vencidos, vencemos</italic>”. Confrontaciones de la memoria de la Generación de la <italic>Gran Cosa</italic>: Max Aub versus Cecilio Benítez de Castro</article-title>
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					<trans-title>“Vencidos, vencemos”. Confrontations of the Memory of the Generation of Gran Cosa: Max Aub versus Cecilio Benítez de Castro</trans-title>
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						<surname>Lluch-Prats</surname>
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					<institution content-type="original">Universitat de València (UV). Contato: javierlluch@hotmail.com Espanha</institution>
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			<author-notes>
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					<p>Profesor Titular de Literatura Española en el Departamento de Filología Española de la Universitat de València. Su trabajo como investigador se desarrolla en estas líneas: historia literaria y cultural de la España contemporánea; memoria histórica; crítica textual.</p>
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			</author-notes>
			<pub-date date-type="pub" publication-format="electronic">
				<day>09</day>
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				<year>2023</year>
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			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jan-Jun</season>
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			<issue>25</issue>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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				<title>Resumen</title>
				<p>En 1939, Max Aub escribe en París una novela sobre la Guerra Civil española: <italic>Campo cerrado</italic> (1943), primera del ciclo <italic>El laberinto mágico.</italic> En Barcelona, Cecilio Benítez de Castro publica “<italic>Se ha ocupado el kilómetro 6…</italic>” <italic>(Contestación a Remarque)</italic>, novela bélica en torno a la batalla del Ebro. Ambas son paradigmáticas de la gestación y la recepción de textos en los cuales, desde bien temprano, con distinto signo y desigual factura, no pocos escritores se propusieron abordar la guerra, la <italic>Gran Cosa</italic>, mediante prismas ficcionales. A partir de ellas se analiza aquí cómo actuaron los testigos del conflicto procurando generar memoria. Con tal fin en este artículo se examinan y confrontan estas novelas desde una perspectiva comparativa, complementaria e interdisciplinar: la historiografía literaria; los estudios en torno a la memoria; la filología y la historia de la edición.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>In 1939, Max Aub wrote in Paris a novel about the Spanish Civil War: <italic>Campo cerrado</italic> (1943), the first of the cycle <italic>El laberinto mágico</italic>. In Barcelona, Cecilio Benítez de Castro publishes “<italic>Se ha ocupado el kilómetro 6…</italic>” <italic>(Contestación a Remarque)</italic>, a war novel about the Battle of the Ebro. Both novels are paradigmatic of the gestation and the reception of texts in which, from very early on, with different and unequal signs, not a few writers set out to approach the war through fictional prisms. From them, it is addressed here how the witnesses of the conflict acted trying to generate memory. To this end, this article examines and confronts these novels from a comparative, complementary and interdisciplinary perspective: historiographical praxis and the canon; memory studies; philology; history of publishing.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>PALABRAS CLAVE:</title>
				<kwd>Guerra civil española</kwd>
				<kwd>Max Aub</kwd>
				<kwd>Cecilio Benítez de Castro</kwd>
				<kwd>Novela bélica</kwd>
				<kwd>Memoria generacional</kwd>
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				<title>KEYWORDS:</title>
				<kwd>Spanish civil war</kwd>
				<kwd>Max Aub</kwd>
				<kwd>Cecilio Benítez de Castro</kwd>
				<kwd>War novel</kwd>
				<kwd>Generational memory</kwd>
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		<sec>
			<title><bold>LA GRAN COSA, <italic>CON MAYÚSCULAS</italic>, VISTA POR SUS PROTAGONISTAS</bold></title>
			<p>Al estallar la guerra civil en España en julio de 1936, la respuesta literaria no se hace esperar. En el fragor del conflicto este se convierte en un tópico literario de urgencia con marcado sesgo ideológico. Después, dentro y fuera del país, el impacto de la guerra generará una onda de larga trayectoria y diversas modulaciones de la memoria generacional: concebida la vida como una experiencia histórica, testigos, protagonistas y supervivientes -algunos explícitamente- en su escritura aludirán a su condición de triunfadores o derrotados, de vencedores o vencidos. Así, en el ámbito de la novela española bajo el franquismo<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref>, podemos rastrear textos en torno a este tema en autores nacidos entre 1895 y 1920, aproximadamente, es decir, en testigos jóvenes y adultos, de convivencia conjunta y luego rota desde la Segunda República y la guerra a la posguerra, el exilio y la España democrática. Esta generación evoca, escribe, narra, inventa y deforma la realidad de ese fenómeno histórico y de lo que llegó después; lega su testimonio con impronta autoficcional y memorialista, que permite trasladar el traumático pasado al presente intencionalmente. Un pasado delimitado por la Gran Cosa, llamada así por Max Aub en “La Guerra de España”, conferencia dictada en México en junio de 1960: “Para la gente de mi generación, y la de las dos anteriores, y la posterior, ha sido la Gran Cosa, con mayúsculas; lo determinante de nuestra manera de vivir, si no de entender el mundo, y de morir”<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref>. En efecto: la guerra marcó la vida de la generación histórica que, entre 1936 y 1939, habría de enfrentar una prueba de esfuerzo sin par, a la cual volverán los protagonistas para rememorarla y reinterpretarla durante décadas. Detengámonos en el comienzo, volvamos a 1939.</p>
			<p>* * *</p>
			<p>Este artículo propone examinar y confrontar una muestra del legado de escritores de distinto bando. Dos novelas específicamente constituyen el principal objetivo de la investigación: la primera de Cecilio Benítez de Castro, “<italic>Se ha ocupado el kilómetro 6…</italic>” <italic>(Contestación a Remarque)</italic>, escrita y publicada en Barcelona en 1939; la segunda de Max Aub, <italic>Campo cerrado</italic>, que escribió en París en el 39 y vio la luz en México D. F. en 1943. Metodológicamente, la lectura comparativa viabiliza un análisis diacrónico de la gestación, la redacción, la edición y la recepción de textos que, con distinto signo y desigual factura, abordaron la guerra española mediante prismas ficcionales. Ante autores y textos de perfil tan distinto, conviene recurrir al potencial interpretativo de un marco teórico interdisciplinar, ya que amplían la mirada crítica los concomitantes estudios de la memoria, la historia cultural, la historiografía y la teoría literarias, mas también de la edición y la filología.</p>
			<p>En primer lugar, desde la praxis historiográfica, este análisis se relaciona con el trazado de la literatura española escrita en castellano tras finalizar la guerra civil. Como veremos, Aub y Benítez de Castro ejemplifican la inestabilidad del canon; los cambios debidos a la evolución personal, ideológica y estilística; la constancia y la coherencia o no del discurso autoral; hacen memoria y la transmiten a través del discurso literario que hilvanan. Dada la dimensión del presente trabajo, sintetizo la visión de conjunto en particular de novelas de primera hora, rastreo el universo del impreso epocal y me detengo en estos escritores y en sus novelas, incluso atendiendo a su devenir editorial y recurriendo a los expedientes de la censura editorial franquista conservados en el Archivo General de la Administración (AGA, Alcalá de Henares).</p>
			<p>En segundo lugar, esta mirada crítica interesa a los estudios sobre la memoria, potente línea de investigación consolidada en el Hispanismo. A partir de la memoria generacional de los testigos se puede tratar de responder a varias preguntas de investigación: ¿cómo se escribió aquel relato?, ¿qué vino a contarse entonces y cuál fue el desarrollo de aquella narrativa sobre la guerra?, ¿quiénes, ¿cómo y por qué lo hicieron?, ¿en qué han quedado en este siglo XXI tan heterogéneas contribuciones propias del universo bélico? No es cuestión menor profundizar en lo específicamente literario de la memoria cultural de la dictadura franquista, pues esta vía abre la puerta a retomar el pasado, reconstruirlo y comprender mejor cómo se perfilaron representaciones simbólicas y se cimentó esa memoria, pendiente aún de dignificación en el proceso inconcluso de su recuperación en España<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>.</p>
			<p>Por ello, en tercer lugar, la filología y la historia de la edición son esenciales: la primera posibilita rescatar, restaurar y editar textos, descontaminarlos de la política cultural de la dictadura -pensemos en la censura y sus efectos-; también reinterpretar obras literarias y elaborar una edición crítica o filológica, respetando al creador, si los testimonios localizados la exigen y permiten. La segunda interesa al conducirnos a la vida editorial de las novelas, y no solo durante el franquismo. De Aub, ahora considerado un clásico contemporáneo de nuestras letras, numerosas de sus obras, cuidadas filológicamente, han visto la luz en editoriales varias (Castalia, Cátedra…), incluso en las publicaciones fomentadas por la Fundación Max Aub, que conserva y difunde su legado, añadiéndose a reimpresiones, ediciones facsímiles, tantas otras de bolsillo y, aún en proceso, las ediciones críticas de sus Obras Completas, colección cuyos volúmenes comenzaron a publicarse en 2001. En cambio, de Benítez de Castro, en la inminente posguerra considerado un joven delfín de la novela en Barcelona, de su prolífica y popular producción literaria solo contamos con una edición crítica de 2017, justo de la novela que nos ocupa. Algunos de sus numerosos textos todavía se localizan y revenden en librerías de segunda mano, pero, aunque se le menciona en historias literarias, en nuestros días es un autor relegado a la esfera del olvido.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title><bold>EL <italic>PORQUÉ</italic> Y EL <italic>CÓMO</italic> DE LA GUERRA</bold></title>
			<p>Los recuerdos de hechos vividos generan una memoria autobiográfica y, más que el recuerdo de un suceso, destaca la experiencia vital reconstruida. Subjetiva, múltiple y dinámica, la memoria “pretende legitimar, rehabilitar, honrar, condenar, va unida a emociones y a problemas de identidad” (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Ruiz Torres, 2007</xref>). En el fondo, pese a que los recuerdos son siempre personales, el relato de una vida es siempre la variante de un modelo común, como observó Halbwacks. En tanto que facultad grupal, la memoria se comparte con quienes participan de ella y se reafirma como elemento constructor de la identidad comunitaria. Por ello la memoria de los testigos directos del conflicto es colectiva y social, y es memoria histórica a medida que ellos van desapareciendo (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Aguilar, 2008</xref>, 64). Fragmentaria y olvidadiza, en su constitución influyen cambios generacionales identitarios, el lugar desde el que se escribe y la vida del sujeto histórico, de cuya singularidad iluminadoras son la memoria que el testigo va forjando y sus similitudes y diferencias con otros coetáneos, incluso etarias. Además del generacional, otros factores definitorios de esa memoria son la clase social, el género, la identidad nacional o de civilización (religiosa, occidental…), los usos del poder respecto de la memoria y relevantes acontecimientos históricos compartidos.</p>
			<p>Las modulaciones de la memoria resultante obedecen y responden, por tanto, a variantes sociales, políticas, culturales y literarias, a condicionamientos del presente desde el que se escribe y se interpreta. Con relación a autoras y autores que respondieron a los problemas inmediatos de la realidad española, y en virtud de su actitud ante el principal problema, <italic>el porqué y el cómo</italic> de la guerra, siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="B28">Sobejano (2005</xref>, 37 y ss.) cabe clasificarlos en tres grupos: intérpretes, observadores y militantes. De los primeros emergen propuestas caracterizadas por la mayor ejemplaridad humana: desde la autobiografía y la epopeya en el exterior (Arturo Barea, Paulino Masip o Max Aub) al documento patriótico o testimonio crítico de novelistas del interior. Surgen pronto en el exilio y tardan en aparecer en España por razones fáciles de entender: elusión del tema bélico por la censura expresa o tácita y la necesidad de que el tiempo transcurra para evitar que las obras se consideren mera propaganda, entre ellos: José M.ª Gironella, Ignacio Agustí, Juan Antonio Zunzunegui, Carmen Laforet, Ana María Matute o Ángel María de Lera.</p>
			<p>Por otra parte, los “observadores” son testigos en edad avanzada que no se implicaron activamente en la guerra, aunque la presenciaron y sufrieron. Su experiencia bélica, pasiva y de retaguardia, la narran con acento cronístico y anecdótico, contando la vida de la población civil en la España sublevada, entre ellos: Concha Espina, Wenceslao Fernández Flórez, Francisco Camba, Ricardo León o Salvador González Anaya. Próximos a este grupo temáticamente, aunque no comparables con ellos, Sobejano menciona a Agustín de Foxá por <italic>Madrid, de Corte a Checa</italic> (1938), y a Tomás Borrás por <italic>Checas de Madrid</italic> (1940). También hubo obras de republicanos centradas en su propio bando, desde la vida en guerra a la inminente posguerra: la retirada, cárceles y campos, la cotidianidad del exilio. E incluso quien, como Max Aub, imaginaría la vida del contrario y titularía “Del otro lado” la segunda parte de <italic>Campo abierto</italic> (1951).</p>
			<p>En cuanto a los militantes, vencedores y orgullosos de su triunfo, actuaron en pro de la instauración de una <italic>nueva</italic> España. Junto a Cecilio Benítez de Castro conviven Rafael García Serrano, José María Alfaro, José Vicente Torrente, Ricardo Fernández de la Reguera o José Antonio Giménez-Arnau, autores cuyas novelas devienen instrumento de propaganda que glorifica las acciones de la sublevación militar. La novela fue un género propicio, escribe <xref ref-type="bibr" rid="B23">Ripoll (2012</xref>, 48), para la misión propagandística y laudatoria a la que parecía estar destinada la también denominada novela-reportaje, crónica o novela-testimonio.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>CON LA GUERRA HEMOS DADO: NARRATIVAS DE LA MEMORIA</title>
			<p>Quienes, con voluntad testimonial, escriben sobre su experiencia del conflicto y sus derivaciones, entremezclan modelos de la literatura del yo (diarios, memorias, crónicas o testimonios) con el género histórico, la narrativa de formación, la novela de no ficción, la estética realista y costumbrista. Los testigos recurren al reportaje, al artículo periodístico y la crónica, al cuento y la novela de variada tipología, y por su valor ético y pedagógico al testimonio, nuclear en la configuración de narrativas memorialistas y en el trato a las víctimas producidas en contextos de guerra y violencia política. La mayoría de autores se aferró a fórmulas de la tradición realista, probablemente porque pensaron que los relatos testimoniales ofrecían una versión fidedigna de la tragedia incompatible con cualquier tipo de experimentalismo. Sin embargo, en el exilio la herencia de las tendencias de preguerra se mantuvo viva y se añadió al enriquecimiento adquirido fuera. Acerca de la renovación formal en el tratamiento narrativo de la contienda pongamos por caso obras de Paulino Masip (<italic>El diario de Hamlet García</italic>, 1944) o de Max Aub, quien escribió <italic>El laberinto mágico</italic>, sobre el que volveremos, con voluntad testimonial y en permanente subversión de las formas narrativas.</p>
			<p>Las narrativas que nos ocupan permiten calibrar la verdad histórica enunciada, comprender acontecimientos propios de la contienda y profundizar en la cuestión de cómo la sombra de la guerra se alargó en el exterior y en el interior. También en ellas es posible detectar cómo se creó el relato originario, simultáneo a los hechos vividos, y cómo se alteró el de derrota o de victoria ulteriormente; un relato con miradas de exaltación hacia lo acontecido, o de rechazo, y otras más sosegadas e introspectivas que pretendían concienciar a la sociedad acerca de eventos olvidados. Conforman un universo masivamente indagado por la crítica especializada, aunque todavía desconocido globalmente: bien las primeras muestras en tiempos de guerra; bien aquellas triunfalistas al comienzo de la posguerra, cambiantes en décadas posteriores en forma y fondo; bien textos ficcionales o no provenientes del exilio republicano.</p>
			<p>La literatura inicial, marcada por las circunstancias, congrega reportajes y crónicas de acciones bélicas en forma de novela, cuentos sobre los acontecimientos a veces agrupados en libro, así como numerosos testimonios de peripecias sufridas en la guerra y atrocidades cometidas en el bando contrario. El corpus fue <italic>in crescendo</italic> desde 1937 y, si escogemos una fecha clave del conflicto como 1938, año de la constitución del primer Gobierno de Franco (Burgos, 30 de enero de 1938) y de batallas cruciales (Teruel, entre diciembre de 1937 y febrero del 38; el Ebro, entre julio y noviembre), por un lado, muestras del bando republicano son libros de cuentos como <italic>Valor y miedo</italic>, de Arturo Barea, quien gavilla episodios cotidianos del Madrid cercado por los franquistas, y <italic>Entre dos fuegos (Narraciones 1937-1938)</italic>, de Antonio Sánchez Barbudo; las estampas de José Herrera Petere en <italic>Acero de Madrid. Epopeya</italic>, <italic>Cumbres de Extremadura. Novela de guerrilleros</italic> y <italic>Puentes de sangre. Narración a propósito del paso del Ebro</italic>. También <italic>Estampas de la guerra en España</italic>, de Elías Palma; <italic>Contraataque</italic>, libro documental y crónica sentimental autoficcional de Ramón J. Sender; <italic>Diario de guerra de un soldado</italic>, del musicólogo Vicente Salas; <italic>El asedio de Madrid</italic>, de Eduardo Zamacois; y de Manuel Chaves Nogales, escritor azañista exiliado en Francia en 1936, nueve novelas cortas agrupadas en <italic>A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires en España</italic> (1937), publicadas en Chile, en las que el escritor denuncia atrocidades de unos u otros contendientes. Así también, Clara Campoamor puso de relieve el desacuerdo entre republicanos en <italic>La revolución española vista por una republicana</italic> (1937), publicada en París en francés y reeditada en Espuela de Plata en varias ocasiones desde 2005, donde quien fuera una destacada política de la República analiza los orígenes de la guerra y las previsibles dificultades que comportaría la victoria de cualquiera de los bandos en liza.</p>
			<p>Por otro lado, del bando sublevado, con voluptuosas adhesiones como las de José María Pemán, la memoria trenza textos de retórica beligerante e ideológicamente contundente, entre ellos: de Concha Espina, las novelas <italic>Retaguardia</italic> (1937), subtitulada “(Imágenes de vivos y de muertos)”, que, según el prólogo de Víctor de la Serna, plasma “la más estricta realidad, hasta en los episodios que puedan considerarse novelescos. Y todo él responde a una comprobada exactitud histórica”, y <italic>Las alas invencibles</italic> (1938), “Novela de amores, de aviación y de libertad”, también ficción fundacional del franquismo al seguir sus postulados respecto a la mujer, y a la vez concebida como “homenaje a la gloriosa aviación nacional”; de José Muñoz San Román, <italic>Las fieras rojas</italic> (1937) (“Novela episódica de la guerra”), <italic>Del ruedo a la trinchera</italic> (1938) y <italic>Señorita en la retaguardia</italic> (1938); de José Vicente Puente <italic>Viudas blancas</italic> (1937), “Novelas y llanto de las mujeres españolas”; <italic>Madrid, de Corte a Checa</italic> (1938), antes mencionada, novela firmada por el Conde Agustín de Foxá, que reúne motivos del momento: el odio de clase, el terror implantado en las calles y la barbarie revolucionaria comunista; <italic>Las vestales</italic> (1938), subtitulada “Novela de la guerra”, de Juan Antonio de Collantes, que la dedica “A todas las mujeres que sufren por España”; del notorio falangista Jacinto Miquelarena <italic>Cómo fui ejecutado en Madrid</italic> (1937) y <italic>El otro mundo</italic> (1938); la novela <italic>Los vivos y los muertos</italic> (1938) del camisa vieja de Falange Samuel Ros, quien un año después publicaría <italic>Meses de esperanza y lentejas: la embajada de Chile en Madrid</italic> (1939), muestra de la llamada “literatura de embajada” dentro de la franquista o nacional (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Álvarez-Moreno, 2014</xref>); y de Fernando de Diego de la Rosa <italic>La paz de la guerra</italic> (1938), novela que cuenta una historia sentimental en un alto del combate. Como otras citadas, es fruto de la iniciativa editorial de la revista nacional falangista <italic>Vértice</italic> que, por ejemplo, en 1938 convocó un concurso de novelas cortas de tema bélico. Similar fue la finalidad de la colección <italic>La Novela del Sábado</italic>, cuya época primera, desde el 39, tuvo la guerra por objetivo (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Naval, 2000</xref>). Con el tiempo, estos relatos no desaparecen, pero disminuye su gran éxito inicial por cansancio social y la necesidad de olvidar lo que difícilmente se podía tratar con franqueza.</p>
			<p>Muchas obras reivindican su dimensión testimonial y ostentan su afán de realismo con el rótulo “Memorias”, entre ellas <italic>Paloma en Madrid. Memorias de una española. De julio 1936 a julio 1937</italic> (1939), texto al cuidado de Alfonso de Ascanio -corrigió el estilo del diario de María Cabrera, Paloma (seud.)-, que vio la luz en la Imprenta Sigirano Díaz de Ávila; y <italic>De la muerte a la vida. Veinte meses de una vida insignificante en el infierno rojo</italic> (1939), del Profesor Teodoro Cuesta, publicado con ilustraciones en la casa burgalesa Ediciones Rayfe. Dicha dimensión tiene voluntad moralizante: “No es novela, ni historia, ni reportaje”, escribe Joaquín Pérez Madrigal -socialista radical que pasaría a ser un franquista convencido, reaccionario y católico integrista- en <italic>Tipos y sombras de la tragedia. Mártires y héroes. Bestias y farsantes</italic> (1937), sino “recreación de realidades comprobadas y reflexiones sinceras acerca de hombres y hechos que conocí y viví” (10).</p>
			<p>La labor de propaganda y proselitismo de esta literatura combativa pretendidamente popular, dado su destinatario y mensaje dogmático, vendría a reforzar una historia nacional interesada e impregnada de rancios valores, propósito que se incrementó tras el final de la contienda en 1939. En tropel, las letras triunfalistas surgen hasta finales de los cuarenta, propias de escritores militantes aplaudidos en la <italic>nueva España</italic>, que dan cuerpo a un imaginario de conflicto vivido, con numerosas trazas autoficcionales. Por entonces el régimen se serviría abundantemente de estas creaciones entregadas a la memoria épica de la guerra y la proclamación del ideario de la victoria. Además de testimonios autobiográficos, destaca la “novelística «nacionalista»” (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Rodríguez Puértolas, 2008</xref>). Benítez de Castro, lo veremos, es buen ejemplo de la también denominada “novela de los vencedores” (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Ferreras, 1988</xref>) y “novela fascista española” (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Gil Casado, 1990</xref>).</p>
			<p>En adelante, tras los años de intensidad celebratoria de la victoria, también del hambre, la miseria, el miedo y el silencio, desde los años cincuenta se ensaya una actitud condescendiente con los derrotados del interior y del exilio, donde esta mutación se recibió bien porque abría contactos y un posible proceso de modernización del país, que tardaría en llegar. No obstante, esa tímida apertura “no implicó ni la debilitación del aparato represivo ni tampoco el fin de la retórica, las consignas, las ortodoxias, los himnos, los dogmas, los axiomas, la adoración al líder o los mitos de origen, que se mantuvieron con el objetivo de garantizar la movilización patriótica, que ahora se dirigía oportunistamente hacia aquellos focos que pudieran garantizar más convenientemente la supervivencia del régimen” (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Larraz y Santos, 2021</xref>, 13).</p>
			<p>Con el paso del tiempo menguarían los bríos de las novelas bélicas, pero el tema de la guerra continuaría presente, aunque explorado más tangencialmente. Se seguía haciendo memoria, pero el triunfalismo fue cediendo paso a la dimensión humana del conflicto: ahí queda José M.ª Gironella, ganador del Premio Nacional de Literatura con <italic>Los cipreses creen en Dios</italic> (1953), novela que abrió su trilogía completada con <italic>Un millón de muertos</italic> (1961) y <italic>Ha estallado la paz</italic> (1966). En la España posfranquista las vidas privadas y los recovecos íntimos adquirieron protagonismo y la biografía y el testimonio ocuparán un lugar central. Hay un decidido compromiso editorial y una recuperación notable de voces antes silenciadas. En este siglo XXI las narrativas de la memoria siguen presentes, se rescatan, se publican e interpretan (pensemos en Luisa Carnés), en consonancia con el proceso de recuperación de la memoria en España antes mencionado. Al participar en este proceso, la literatura trata de evitar que el olvido sepulte acontecimientos que, nos gusten o no, constituyen el pasado y nuestro presente.</p>
			<p>En el campo editorial, tras las propuestas pioneras de las colecciones Espejo de España (Planeta), Los Libros de la Veleta. Serie Documento, Horas de España (Ariel) y Memoria Rota. Exilios y Heterodoxias (Anthropos), destacable hoy es la labor de la Editorial Renacimiento, que edita la revista <italic>Sansueña</italic>, dedicada al exilio, y colecciones varias (Biblioteca del Exilio, Biblioteca de la Memoria o Serie Menor); también los rescates de Ediciones Espuela de Plata, que publica la colección España en Armas; las publicaciones y ediciones promovidas por el GEXEL (véase la revista <italic>Laberintos. Revista de estudios sobre los exilios culturales españoles</italic>); las colecciones Biblioteca Crítica de la Guerra Civil y Literatura y Guerra Civil, de la Editorial Escolar y Mayo; y la serie La Guerra Civil contada por sus protagonistas (Col. Historia), de la Editorial Almuzara. En la era digital varias plataformas permiten conseguir desde primeras ediciones a catálogos editoriales (IberLibro; Agapea; Uniliber; Todostuslibros; Todocolección…).</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>LA NOVELA BÉLICA DE BENÍTEZ DE CASTRO</title>
			<p>Orgullosos de su triunfo, muchos escritores actuaron en beneficio de la sublevación conducente al franquismo, como he anticipado, la defendieron y fueron protagonistas del combate, donde tuvieron un papel activo como soldados o miembros de las centurias falangistas. Sus experiencias vitales alimentaron narraciones con propósito documental y pusieron de actualidad la confidencia autobiográfica y el testimonio sin escatimar lisonjas al vencedor. De ello buena muestra ofrece “<italic>Se ha ocupado el kilómetro 6…</italic>” <italic>(Contestación a Remarque)</italic>, de Benítez de Castro, novela que concibe la guerra como cruzada y es un saqueo a la memoria, ya que impone un filtro arbitrario y justifica y reivindica lo acontecido en el frente de batalla; viene a ratificar, como escribió <xref ref-type="bibr" rid="B10">Bauman (2009</xref>, 144), que la idea de verdad pertenece a la retórica del poder.</p>
			<p>No es una obra de lógica narrativa de observador desarrollada en la retaguardia, sino que casi toda ella se despliega en una posición a la vanguardia: es una novela bélica cuya acción épica responde a un ajuste de cuentas con los vencidos. Y por “bélica” entiéndase una novela de soldados que describe la vida militar -y la muerte-, así como las peripecias, aventuras y desventuras en una guerra conocida, en contacto directo con los hechos narrados. “<italic>Se ha ocupado el kilómetro 6…</italic>” <italic>(Contestación a Remarque)</italic> recoge elementos canónicos del género, ingredientes cuyos límites ayudó a fijar la Guerra del 14: los camaradas, el hospital, las enfermeras, el permiso (en su caso la vuelta a Valladolid), las canciones de los soldados, los diálogos con el enemigo, las mujeres, la comida, las ofensivas y contraofensivas y hasta la batalla final. Evidentemente, con diferencias, pues aquí no hay máscaras, granadas de gas, hombres sin cabeza o pies, reclutas enloquecidos, cadáveres insepultos o enormes ratas presentes en novelas como la de Remarque, pero sí comparte el género epistolar: las cartas del frente que el cabo Aguilar le escribe a su novia, Lucía.</p>
			<p>Es, además, la primera novela bélica española publicada tras el final de la guerra. El subtítulo <italic>(Contestación a Remarque)</italic> ofrece un guiño al lector del alemán Erich Paul Remark (Osnabrück, 1898 - Locarno, 1970), conocido por su pseudónimo, Erich Maria Remarque, escritor repudiado por el nazismo. Por supuesto anuncia la enérgica respuesta que el texto, efectivamente, ofrece a una de las novelas antibelicistas más exitosas en aquellos días: <italic>Sin novedad en el frente</italic> (1929). <italic>Im Westen nichts Neues</italic>, su título original, constituyó un hito editorial en la Alemania de 1929 y en multitud de países. Con su novela, Benítez de Castro pone de relieve el interés que Remarque había despertado en España, donde la Gran Guerra tanta repercusión tuvo en la prensa y la literatura. El número de sus lectores aumentó y fue una de las obras más vendidas en la I Feria del Libro celebrada en Madrid en 1933, junto a <italic>Sonata de estío</italic>, de Valle-Inclán, <italic>La ilustre fregona</italic>, de Cervantes, <italic>Los que no fuimos a la guerra</italic>, de Fernández Flórez, y <italic>La</italic> “tournée” <italic>de Dios</italic>, de Jardiel Poncela (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Martínez Rus y Sánchez García, 2010</xref>, 69). Además, la novela se convirtió en texto modélico del pacifismo y origen del moderno antibelicismo por el rotundo no a la guerra que plantea, sin que el lector salga indemne de sus páginas. Narrada en primera persona por Paul Baümer, de diecinueve años, <italic>Sin novedad en el frente</italic> relata su envío al frente con otros jóvenes (Aubert, Müller, Tjaden, Haiden, Kropp o Kat), su entrenamiento y, entre trincheras, el espantoso descubrimiento de la terrible tragedia, el sinsentido de aquella realidad. De hecho, su poderoso mensaje es que la guerra es horrorosa, absurda y engañosa para quienes en ella participan: “Fuego graneado, fuego por ráfagas, fuego a discreción, minas, gases, tanques, ametralladoras… Palabras, palabras… Pero encierran todo el horror del mundo” (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Remarque, 1930</xref>, 139) <xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>.</p>
			<p>
				<fig id="f1">
					<label>Figura 1</label>
					<caption>
						<title>Cubiertas de <italic>Sin novedad en el frente</italic> (1933) y de <italic>“Se ha ocupado el kilómetro 6…” (Contestación a Remarque)</italic> (1939)</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="2317-9651-caracol-25-705-gf1.jpg"/>
					<attrib>Fuente: propia del autor</attrib>
				</fig>
			</p>
			<p>En realidad, Benítez de Castro aparece en 1939 con <italic>Paul Dufour en España. ¡Dos agentes en servicio!</italic> (Barcelona: Maucci): texto antisemita y anticomunista, de género policíaco. También entonces publica <italic>El espantable caso de los “tomadores de ciudades”</italic> (Barcelona: Gráficas Marco): novela corta cuya portada la define “Novela humorística”. Benítez pasa a ser un exitoso escritor por el carácter ingenioso de su obra, exponente de las lecturas amables de la <italic>literatura luminosa</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Álvarez Palacios, 1975</xref>): un tipo de literatura que no generaba fricciones (novelas de humor, de aventuras, policíacas o rosas) y que invadió el mercado editorial con textos autóctonos y miles de traducciones extranjeras; una literatura de consumo, evasión y entretenimiento que se aprestó a despolitizar la conciencia social en tan duros años de restricciones y racionamientos.</p>
			<p>Si nos preguntamos cómo un escritor novel pudo abrirse hueco en la Barcelona de los cuarenta, observaremos que, ante el vaciamiento forzoso del campo literario y cultural por extensión, Benítez de Castro y otros autores usurpan el lugar hasta entonces ocupado por escritores, periodistas, críticos, editores, traductores e intelectuales que habían perdido la guerra. En 1939 publica “<italic>Se ha ocupado el kilómetro 6…</italic>” <italic>(Contestación a Remarque)</italic> en la Editorial Maucci, y un año después en la Editorial Juventud con cambios menores. El expediente de censura de la novela (n.º 781/39; AGA), en su primera edición, se registró el 20 de julio del 39 y preveía la tirada de 4 000 ejemplares por parte de Maucci. Solo se conserva el informe de censura correspondiente a este expediente, pero ningún testimonio manuscrito, mecanoscrito o impreso de la novela. Una vez autorizada la edición el 8 de agosto solo con una tachadura, su publicación le dio notoriedad inmediata al escritor. En 1940, aunque en la actualidad se halle entre voces generalmente ausentes del canon, era aclamado como nuevo valor literario, según recoge la solapa de la segunda edición aludida de su novela bélica (<xref ref-type="fig" rid="f2">Fig. 2</xref>):</p>
			<disp-quote>
				<p>Benítez de Castro, juvenil y auténtico valor literario de la nueva España heroica, ha plasmado genialmente en este libro, después de vivirla, la formidable batalla del Ebro […] No obstante ser esta la novela de la guerra española por excelencia, no resulta un libro triste, sino vital y, en conjunto, placentero y entrañablemente emotivo […] tiene garantizada una prolongada actualidad en el mundo de habla española.</p>
			</disp-quote>
			<p>
				<fig id="f2">
					<label>Figura 2</label>
					<caption>
						<title>Cubierta de la edición de 1940. Barcelona, Ed. Juventud</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="2317-9651-caracol-25-705-gf2.jpg"/>
					<attrib>Fuente: propia del autor</attrib>
				</fig>
			</p>
			<p>Del autor una anónima y escueta nota del <italic>ABC</italic> de Madrid (19/1/1947, 31) sintetiza su figura: “es un novelista de público, en el pleno sentido de la expresión. Sus relatos novelescos prenden en los lectores y tienen la virtud de interesar profundamente. […] Intriga, emoción, aventura, son los elementos, los componentes que maneja el autor para su obra”. Nacido en Ramales de la Victoria (Santander) en 1917, desde niño Cecilio Benítez de Castro vivió en Barcelona, donde cursó Derecho (1934-1940) y se especializó en Hacienda Pública. Su visión de mundo la guiaría el dictado falangista, que se debió de gestar en la Universidad, mas también en encuentros en cafés como el Oro del Rhin y el Lyon d’Or. Benítez de Castro participó allí en las reuniones de los primeros falangistas catalanes y también en tertulias literarias, diurnas en el primero, nocturnas en el segundo, capitaneadas por Luis Gutiérrez Santamarina -literariamente Luys Santa Marina-, quien fue no solo amigo de Aub hasta el final de sus días, sino también en 1939 prologuista, precisamente, de “<italic>Se ha ocupado el kilómetro 6…” (Contestación a Remarque)</italic>. A las tertulias solían asistir Ignacio Agustí, Martín de Riquer, José Jurado Morales, Xavier de Salas, Félix Ros, Juan Ramón Masoliver, José M.ª de Cossío, Andrés Calzada o Guillermo Díaz-Plaja. A ellos se sumaba cuando podía Max Aub, que pintaría un excelente retrato de Santa Marina en el segundo capítulo de <italic>Campo cerrado</italic>: delegado de Falange, creador de la revista <italic>Azor</italic> y capitoste de su tertulia -que se reúne en el “Oro del Rhin”-. En esta primera novela laberíntica, el trasunto literario con que se presenta a Santa Marina es Luis Salomar, personaje también presente en <italic>Campo de sangre</italic> (1945), <italic>Las buenas intenciones</italic> (1954) y <italic>Campo de los almendros</italic> (1968).</p>
			<p>Respecto del desconocimiento posterior de Benítez de Castro, Ignacio <xref ref-type="bibr" rid="B29">Soldevila (2001a</xref>, 431) señaló que “una carrera empezada bajo tan buenos auspicios, y que culmina con la mención de honor en el Premio Nacional de Literatura de 1945, declarado desierto, se interrumpe bruscamente al casarse con una argentina”. Efectivamente, a pesar de que en Buenos Aires publicara desde obras narrativas a varias monografías académicas, al emigrar en 1948 su nombre se difuminaría del campo cultural español. Allá llegaría a ser asesor peronista, periodista y acreditado economista. En 1975, en obituarios a su muerte de la prensa española se resalta más al veterano corresponsal que al escritor de exitosas novelas de antaño, publicadas entre 1939 y 1945. Hoy, su obra creativa todavía ocupa líneas estables en las historias de la literatura gracias a <italic>“Se ha ocupado el kilómetro 6…” (Contestación a Remarque)</italic>, que constituyó, como he destacado, un fenómeno literario en el ámbito de la novela bélica española. Responde al modelo de escritura de un texto evocativo que el autor definió “documento” y notables son el contexto en que la novela emerge y su subtítulo: <italic>Contestación a Remarque</italic>. Y es que <italic>Sin novedad en el frente</italic> es esencial para comprender el desarrollo de la novela bélica a raíz de la Gran Guerra y el porqué de esta obra, propia de aquella literatura con la que, en España, en la inmediata posguerra se reactivó el mundo del libro y se narraron el triunfo y la contienda, con heroicidades y a trompicones verbales.</p>
			<p>En los años cuarenta la extensa producción de Benítez de Castro no solapó el éxito de esta novela reeditada en cuatro ocasiones en vida del autor (1939, 1940, 1940? y 1968). En ella plasma su experiencia personal en el Ebro en 1938 y al lector le entrega las memorias del protagonista, el cabo Julio Aguilar, quien en primera persona desvela aspectos cotidianos de tan crucial batalla, estereotipos de la propaganda y claves literarias de la época:</p>
			<disp-quote>
				<p>España se apresta al combate […] Lo que nadie quiere es quedarse, exponiéndose a formar parte de nuevo del Gobierno de la República. Claro que el tal Gobierno es la colectivización, la persecución, el hambre y, en estos tres meses, estas gentes han aprendido que se puede vivir, comer y trabajar bajo el dominio de Franco. (237).</p>
			</disp-quote>
			<p>La novela se articula en virtud de esta triada temática fundamental: el tributo a los caídos, la exaltación falangista y la internacionalización del conflicto. El autor expone el retrato generacional de los vencedores y de sí mismo, pues el futuro depende de ellos: “Un Estado, unas leyes, un sistema. Todo depende de nosotros […] el Gobierno, el pueblo, las mujeres y los hijos, la ley, la costumbre, la bandera” (2017, 278). En su función heroica, Julio Aguilar enfatiza atributos colectivos más que individuales. De este modo, Benítez de Castro refrenda gestas de los vencedores por su condición de falangista y testigo del frente y, en su obra, tematiza el conflicto y el amor falangistas en un relato de ideología combativa, interrumpido por digresiones sobre la guerra, el discurso histórico y las excelencias del fascismo. Al narrar el final de la batalla, como lo es en la novela de corte fascista, un símbolo de la novela es la bandera (véase en la cubierta del 68, <xref ref-type="fig" rid="f3">Fig. 3</xref>). Aguilar se enfrenta a la muerte alzándola frente a los rojos, ese “enemigo que no tiene entrañas” (288):</p>
			<disp-quote>
				<p>¿Por qué, entonces, estoy yo alegre? / Mañana mi bandera irá alta como ninguna. Y rápida. Hasta el kilómetro 6. […] La bandera, enrollada, se apoya sobre los fusiles, en el rincón del cuartucho. No está bien. Me levanto y la despliego. Enhiesta. Así. (386-387).</p>
			</disp-quote>
			<p>Sin embargo, al revisar el texto en 1968, el autor matizó su entusiasmo juvenil. Tras volver a España de visita y regresar a Gandesa, espacio nuclear del Ebro y de la novela, el editor Tomás Salvador Espeso le propuso que reeditara la novela en Ediciones Marte. Aceptó, pero a Salvador le entregó un texto muy revisado, sin subtítulo (<italic>Contestación a Remarque</italic>), ni prólogo ni prefacio anteriores, sin ilustraciones ni croquis de la batalla. Benítez de Castro, en cambio, añadió un amplio y nuevo texto prologal (“Treinta años después”) para explicar el porqué de su reedición e interpelar nuevamente a Remarque.</p>
			<p>
				<fig id="f3">
					<label>Figura 3</label>
					<caption>
						<title>Cubiertas de otras ediciones de la novela: Ed. Molino (194?) y Ed. Marte (1968)</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="2317-9651-caracol-25-705-gf3.jpg"/>
					<attrib>Fuente: propia del autor</attrib>
				</fig>
			</p>
			<p>Así las cosas, cotejadas sus diferentes versiones, el texto de la novela ofrece variantes que, en ámbito filológico, revelan un elocuente arrepentimiento del autor, quien elimina esos paratextos y en el texto en sí suaviza sus juicios de valor sin informarle al lector de que estaba ante fragmentos y palabras muy retocados, cuando no eclipsados. Una actitud derivada de un gesto emparentable con el desengaño ideológico de falangistas de renombre como Dionisio Ridruejo.</p>
			<p>En aquel 1968, en su reescritura volvió a insistir en su principal propósito: “contar algo que uno vio y sintió” (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Benítez de Castro, 2017</xref>, 110). Según él, no la hubiera reeditado si Tomás Salvador no hubiera insistido en ello, pero aceptó al considerarla “documento” más que novela. Por ello en el prólogo la define novela “testimonial, documental”: pretendía que sirviera de documento sobre una batalla feroz, surgido no tanto de un propósito literario, decía, como de un intento por captar y narrar lo real; o más bien <italic>su</italic> realidad.</p>
			<p>Tras la poda de entusiasmos del pasado, en esa edición de 1968 clamorosas son cuantas modificaciones y supresiones anulan sistemáticamente, por ejemplo, menciones directas a Falange y a Franco. Tales variantes, de las que selecciono algunas de la edición crítica de 2017, revelan la ideología del texto y del autor, viva en su primera edición. El aparato crítico de variantes textuales de 2017 identifica las distintas ediciones mediante su fecha de publicación entre corchetes. [1939]: Editorial Maucci; [1940]: Editorial Juventud; [194?]: Ediciones Molino; y [1968]: Editorial Marte. El doble corchete ([[ ]]) refiere eliminaciones:</p>
			<disp-quote>
				<p>del gallego soldado de Franco [1940]. del gallego [1968], p. 118.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>Uno de la UGT, o de la FAI, o gudari, es un buen soldado si se le enseña a luchar y si se le dice que España tiene otro quehacer que perder el tiempo en discusiones inútiles [1940]. [[1968]], p. 138.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>local de la Jefatura de esta Comarca de Falange [1939]. local de la Jefatura Comarcal [1968], p. 184.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>Les recuerda su liberación y les promete que, si fuese necesario, otra vez los hombres de Franco volverían a salir por España y por la civilización, al palenque [1940]. [[1968]], p. 198.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>A una sola voz vuelven la cabeza y gritan: “¡Franco!” “¡Arriba España!” [1940]. [[1968]], p. 199.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>Este arranque de Pérez me ha gustado. Por lo menos, tiene amor propio falangista [1940]. [[1968]], p. 201.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>No creo que haya un solo soldado en el Ejército de Franco que no piense así [1940]. [[1968]], p. 232.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>Este rasgo de la Falange es de una gallardía absoluta [1940]. El rasgo es gallardo [1968], p. 244.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>cree en el Caudillo que solo Dios puede habernos enviado [1940]. [[1968]], p. 279.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>-¡Quiero ver a Franco!... ¡Quiero ver a Franco! [1940]. [[1968]], p. 294.</p>
			</disp-quote>
			<p>Similares cambios y eliminaciones se producen al mencionar a los llamados “rojos”:</p>
			<disp-quote>
				<p>los rojos [1940]. los esos [1968], p. 115.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>y los rojos se empeñaron en hacernos la cusqui [1940]. [[1968]], p. 146.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>El pueblo no quiere nada con los rojos [1940]. [[1968]], p. 237.</p>
			</disp-quote>
			<disp-quote>
				<p>Atrás están los rojos y, con ellos, este pueblo trabajador, campesino, no quiere nada. Ni tan siquiera correr el riesgo de convivir [1940]. [[1968]], p. 246.</p>
			</disp-quote>
		</sec>
		<sec>
			<title><bold>EL PRIMER <italic>CAMPO</italic> DE MAX AUB: “LA VISIÓN DE LOS VENCIDOS”</bold></title>
			<p>En el vasto universo ficcional del ciclo que rotuló <italic>El laberinto mágico</italic>, desde tiempos bélicos Max Aub explora el origen y las consecuencias de la contienda: el éxodo, los campos de concentración franceses, el exilio republicano. Se interesó por el tema tan pronto advirtió que habían perdido la guerra, ya en Francia. Luego, durante décadas escribiría su proyecto literario memorialista, determinado por la férrea voluntad de perdurar y luchar contra el olvido. En <italic>Hablo como hombre</italic> apuntó: “A nosotros, novelistas o dramaturgos, solo nos queda dar cuenta de la hora en crónicas más o menos verídicas” (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Aub, 1967</xref>, 40), y en una nota de sus Diarios, años antes, el 25 de marzo de 1954 apuntó:</p>
			<disp-quote>
				<p>No hay escritor de nuestro tiempo que no refleje -más tarde o más temprano, de una manera u otra- las inquietudes del tiempo. […] Mis <italic>Campos</italic> (que en sus títulos tienen su justificación, si acude usted al diccionario) no son novelas, sino crónicas (vea las palabras finales de mi <italic>Discurso de la novela española</italic>) y no son una trilogía, si es que tengo tiempo -que lo dudo- para seguir adelante. Y en eso <italic>San Juan, No, De algún tiempo a esta parte,</italic> el <italic>Diario de Djelfa</italic> y tantas cosas más no son, no quieren ser otra cosa que un testimonio (porque me considero incapaz para más; no porque crea que se <italic>deba</italic> hacer como lo hice. “Incapaz” tal vez no sea lo justo, pero sí con falta de tiempo -y de gusto- para volver sobre lo hecho, retocarlo, aguzarlo, quitar y poner). (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Aub, 1998</xref>, 236-237).</p>
			</disp-quote>
			<p>Escritor de raza, en su heterogénea producción Aub participa de la tradición, la renueva y la acomoda a signos nuevos. Se adapta a las circunstancias si es necesario y lo hace cuando el presente, como en la guerra, lo conduce hacia el realismo testimonial. En torno a la contienda paradigmáticas son sus crónicas cristalizadas en cuentos y novelas: “Vistas así, a ojo de buen pájaro, estas narraciones pueden dar una idea de lo que fue la lucha y la derrota de lo mejor que tenía España en 1936. Por lo menos con esa intención de cronista las escribí”<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref>. Mediante la elección de momentos significativos del conflicto y de sus inmediatas consecuencias, con Madrid y Valencia como espacios fundamentales y el espectacular despliegue de miles de personajes, Aub levanta <italic>El laberinto mágico</italic>, primordialmente, como un ciclo narrativo concebido y escrito entre 1939 y el final de sus días, si bien ya en mayo de 1938 había publicado su relato <italic>El Cojo</italic> en la revista <italic>Hora de España</italic>. Luego publicaría otros cuentos y novelas basilares de tan magno proyecto: <italic>Campo cerrado</italic> (1943), <italic>Campo abierto</italic> (1951), <italic>Campo de sangre</italic> (1945), <italic>Campo del Moro</italic> (1963), <italic>Campo francés</italic> (1965) y <italic>Campo de los almendros</italic> (1968). Al <italic>Laberinto</italic> cabe incorporar las novelas <italic>Las buenas intenciones</italic> (1954) y <italic>La calle de Valverde</italic> (1961), el poemario <italic>Diario de Djelfa</italic> (1944) y el drama <italic>Morir por cerrar los ojos</italic> (1944).</p>
			<p>
				<fig id="f4">
					<label>Figura 4</label>
					<caption>
						<title>Cubierta de <italic>Campo cerrado</italic>. México: Col. Tezontle, FCE, 1943</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="2317-9651-caracol-25-705-gf4.jpg"/>
					<attrib>Fuente: propia del autor</attrib>
				</fig>
			</p>
			<p>En la novela histórica <italic>Campo cerrado</italic> resalta “la voluntad del escritor de hibridar la Novela y la Historia no solo sin permitirse libertades con respecto a esta, sino con manifiesta intención testimonial, cronística” (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Soldevila Durante, 2001b</xref>, 29). En ella Aub da vida a centenares de personajes, pero sobre todo el narrador da cuenta del origen y el desarrollo de Rafael López Serrador, de los cambios de su vida laboral, de sus traslados de Viver a Castellón y de allí a Barcelona, esto es, de su proceso de madurez, toma de conciencia y revelación, describiendo, por ejemplo, los acontecimientos políticos que se suceden en el país, las disensiones entre comunistas y anarquistas, el papel de la revolución y la emergencia falangista en Barcelona, liderada por Luis Salomar (Luys Santa Marina).</p>
			<p>Aub nos sitúa en tertulias de cafés barceloneses en los que se cuece el polifónico discurso revolucionario, la adopción de la violencia en general y en Falange en particular. Es decir, todo ello evidencia que, de Benítez el escritor, abogado y periodista, <italic>Campo cerrado</italic> aclara el contexto de su juventud en Barcelona. Aub no lo narró en su novela, pero coetáneo a su acción fue el hecho de que, tras la sublevación y la huida de la capital catalana, muchos jóvenes se fueron a ciudades del otro lado: Valladolid, Salamanca o Burgos; jóvenes como Benítez de Castro, quien se convertiría en asiduo colaborador del semanario <italic>Destino</italic> en su primera y combativa etapa, entre 1937 y 1939. Tal vez Aub conociera a su colega barcelonés, pero no hay rastro de contacto entre ellos. Si se hubieran cruzado, quizás Aub hubiera tomado algún rasgo suyo, puesto que acostumbraba a deformar modelos reales más que a inventarlos, aunque también creó muchos personajes sin contar para nada con la realidad.</p>
			<p>En 1969, mientras Benítez de Castro pule el texto que va a editar treinta años después, en Ciudad de México Aub finaliza el <italic>Laberinto</italic> con <italic>Campo de los almendros</italic>, extraordinaria novela que publica Joaquín Mortiz. A punto de emprender su viaje a España, un año antes, en el revolucionario 68 Aub todavía no había podido publicar aquí <italic>Campo cerrado</italic>. Complicado proceso de edición tuvo la novela en la España de los sesenta, cuando sus editores presentaron a la censura editorial aquel <italic>Campo</italic> del 43 iniciado en París<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref>. En 1966 solo “Viver de las Aguas”, el primer capítulo de la novela, exento de la ideología subyacente en otros posteriores, pudo incorporarse al volumen <italic>Mis páginas mejores</italic>, antología publicada en la madrileña Editorial Gredos, aunque el texto se autorizó con la supresión de no pocos pasajes: “El autor es reticente y muy penetrado de lo español a la par”, anotó un lector -como llamaban al censor.</p>
			<p>Tres años después, en febrero del 69, la Editorial Alianza por vez primera presentó la novela completa a consulta voluntaria. Un primer lector señaló el 10 de marzo:</p>
			<disp-quote>
				<p>Como es habitual en Max Aub, la novela está maravillosamente escrita, con un lenguaje plástico, expresivo y riquísimo que le confiere categoría de obra de arte, aunque algunas partes del libro estén un tanto deslavazadas […] De autorizarse la edición popular de este libro convendría tachar lo señalado en las páginas 23, 26, 27, 29, 30-31, 40, 42…</p>
			</disp-quote>
			<p>Sin embargo, el 7 de abril un segundo lector informó así a la superioridad: “Pretexto para hacer propaganda de las ideas izquierdistas y, especialmente, anarquistas […] No se señalan todas las tachaduras que sería necesario hacer, pues la obra quedaría reducida a la nada”. El 15 de abril se le comunicó al editor que no era “aconsejable la edición de la obra”, esto es, “No publicable”. Un año después también se le denegó a Barral Editores.</p>
			<p>
				<fig id="f5">
					<label>Figura 5</label>
					<caption>
						<title>Cubierta de <italic>Campo cerrado</italic>. Madrid: Alfaguara, 1978</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="2317-9651-caracol-25-705-gf5.jpg"/>
					<attrib>Fuente: propia del autor</attrib>
				</fig>
			</p>
			<p>En marzo del 78, finalmente, Jaime Salinas la publicó en Alfaguara. Se consideró “no impugnable” y un censor señaló que, “desde su punto de vista, [Aub] expone su visión en cada revuelta y en cada personaje de acuerdo con su matiz ideológico, reflejando una vez más el carácter ibérico y su profundo desprecio a la vida”. En este sentido, en una entrevista concedida en 1963 tras publicar <italic>Campo del Moro</italic>, el autor afirmó: “Desde un punto de vista ideológico veo los sucesos y los personajes de acuerdo con mis ideas republicanas. Lo que yo hago en esta novela y en las otras que tratan de la Guerra Civil, puede calificarse, históricamente, como la «visión de los vencidos»” (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Carballo, 1963</xref>).</p>
			<p>
				<fig id="f6">
					<label>Figura 6</label>
					<caption>
						<title>Cubiertas de <italic>Campo cerrado</italic>: ediciones de 2001 y 2018. Obras Completas de Max Aub</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="2317-9651-caracol-25-705-gf6.jpg"/>
					<attrib>Fuente: propia del autor</attrib>
				</fig>
			</p>
			<p>En 2001, al cuidado de Ignacio Soldevila, se dispuso filológicamente el texto de <italic>Campo cerrado</italic> en la colección Obras Completas de Max Aub (vol. II), que publicaron la Biblioteca Valenciana y la Institució Alfons el Magnànim, bajo la dirección científica de Joan Oleza, una edición crítica revisada y disponible ahora en edición digital en Publicacions de la Universitat de València (2018). Ha habido otras ediciones (Alfaguara, 1997; Santillana, 1996; Suma de Letras, 2003; Capitán Swing, 2010) que no son filológicas, como la última, que en 2017 vio la luz en Cuadernos del Vigía con prólogo de Antonio Muñoz Molina, que en otro lugar define a Max Aub “figura egregia de la cultura europea, mas sobre todo de las ruinas de Europa” (1999, 78). El escritor, admirador de Aub como sus colegas Almudena Grandes, Rafael Chirbes o Alfons Cervera, en su discurso de entrada en la Real Academia Española, <italic>Destierro y destiempo de Max Aub</italic>, el 16 de junio del 98 apuntó: “Uno busca maestros, pero también busca héroes, héroes civiles e íntimos de la palabra escrita, que lo enaltecen y lo acompañan, que le ofrecen coraje en la rebelión y consuelo en la melancolía. Yo tuve la buena suerte de encontrarme enseguida con Max Aub” (1996, 21).</p>
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			<title>“VENCIDOS, VENCEMOS”: MEMORIAS CONFRONTADAS</title>
			<p>Retomemos para concluir el eje interdisciplinar antedicho: historiografía literaria, memoria, filología e historia de la edición. En el ámbito de la primera, hoy, evidentemente el canon es distinto al anunciado en 1939. Visto el devenir de estos escritores, el historiador de la literatura ha de plantearse dónde ubicar aquellas primeras crónicas bélicas y otras obras en el discurso crítico porque, por ejemplo, Benítez de Castro suele ser mencionado de pasada por la novela sobre el Ebro, pero su producción en general queda eclipsada y habita en el olvido. Sin embargo, ochenta años después del final de la guerra, Max Aub, otrora malparado en la historia literaria, ocupa un lugar seguro y prestigioso en ella. Editado, leído y admirado, su legado consolida y agranda su figura y su generación, pues su obra constituye “una <italic>summa</italic> de la que ninguna literatura podría permitirse prescindir, ni por su cantidad, ni por su calidad, ni por su diversidad” (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Oleza, 2001</xref>, 6).</p>
			<p>El filólogo, por su parte, de cualquier texto ha de respetar la última voluntad autoral, que puede verse alterada, entre otros motivos, por la injerencia de la censura editorial franquista, o decisiones de un sujeto que treinta años después se relee y rectifica su escritura: Benítez de Castro en 1969. En cualquier caso, se ha de recuperar la obra literaria sin coacciones censorias ni alterada por cambios ideológicos posteriores. Ante novelas como estas, se ha de manejar el testimonio que sitúe al autor en el momento preciso de la experiencia vital y de la emergencia de su aportación, a fin de ofrecerle al lector el texto más representativo de su intencionalidad: Cecilio Benítez de Castro en el 39, sin maquillaje. Su novela bélica muestra su dificultad para superar los rigores del tiempo y la criba de la crítica; exhibe al autor testigo de los acontecimientos que exalta las gestas logradas y luego renuncia y contrapone, modifica y modera su escritura, reconstruye la memoria. El transcurrir del tiempo, si seguimos la historia de la edición española, muestra dónde han quedado ciertos testimonios, las luminosas obras, las novelas bélicas de envalentonados jóvenes falangistas, frente a la literatura del exilio republicano español y la vigencia de la portentosa obra de Max Aub. Mientras que este se mantuvo fiel y defendió las ideas con que se había marchado de España, Benítez de Castro abandonó pronto una literatura triunfalista y combativa y no tardó en alejarse de un campo literario donde no andaba mal posicionado.</p>
			<p>“<italic>Se ha ocupado el kilómetro 6…” (Contestación a Remarque)</italic> es buen ejemplo de la obra de cuantos autores, durante los primeros años del franquismo, y desde el contacto directo con los hechos, quisieron montar y desmontar afectos; contaron la guerra con talante épico y voluntad testimonial para conectar con la emotividad del lector; crearon imaginarios que albergan la sensibilidad de una época; trataron de convencer y afianzar el sentimiento de pertenencia a un sector ideológico concreto; evocaron la victoria desde el tablero de juego de un aparato privilegiado de producción de hegemonía como es la cultura. Novelas como la suya, de esencia autobiográfica, son invectivas declamatorias contra la España roja, de ahí que la crítica subraye la lamentable desproporción entre el intento y la realización. Pero despiertan nuestro interés porque ayudan a descifrar el mensaje ideológico referido a la (pos)guerra, al ser instrumento de propaganda de aquella lucha de la que se glorifican los procedimientos para alcanzar el poder. Esas novelas configuraron y compartieron el discurso que, en los años cuarenta, transformó la literatura en capital simbólico del proceso histórico en curso: con tozudo encono partidista, los vencedores construyeron su “historia oficial” en alegatos a favor del nuevo Estado. Luego esta narrativa militante es un elemento más del proceso histórico de legitimación del régimen franquista, cuya represión tuvo amplio calado y se caracterizó, entre otras, por la manipulación del pasado y del presente, la difusión a machamartillo de la moral nacionalcatólica, la exaltación de un discurso autoritario, la adopción de la retórica falangista y la intervención del campo cultural por la censura editorial, que perduró hasta el final de la dictadura. Señas de identidad de un régimen surgido por la fuerza de las armas, la propaganda, el miedo, la delación, la represión, la violencia, el castigo y la muerte; una dictadura atada y bien atada mediante el control de la ideología, el flujo de información y la libertad de expresión.</p>
			<p>Max Aub, por el contrario, enemigo personal de la ignorancia, al abrazo de la lealtad mantuvo un posicionamiento ético ejemplar. Nunca rebajó un ápice el sentido de su proyecto vital: escribir y transmitir la crónica de la derrota de los vencidos, mas también su esperanza. Con la tolerancia y no el sectarismo como el bien más preciado, Max Aub sigue íntegro frente a mudanzas ideológicas y, en nuestro mundo actual, huérfanos de referentes morales, no es de extrañar que la talla de Aub siga creciendo entre especialistas y lectores curiosos, también al contrastar e interpretar su posición con autores como Benítez de Castro o, gracias a su magnífico epistolario, al leer las cartas cruzadas con Dionisio Ridruejo, en cuya confesión de error Aub apreció una forma de victoria de los vencidos (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Ródenas de Moya, 2018</xref>, 53). Un Ridruejo al que Aub le espetaría:</p>
			<disp-quote>
				<p>Hemos sido enemigos en todo, menos en poesía, frente a frente, sin tapujos, usted, con Falange, con Franco, con la dictadura. Soy socialista, sigo siéndolo. Usted se ha separado de los suyos, yo no. Tal vez piense ahora que teníamos razón. / Nos llenaron de lodo, será más difícil limpiaros del vuestro […] Vencidos, vencemos. No lo dudamos jamás. (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Ródenas de Moya, 2018</xref>, 82-83).</p>
			</disp-quote>
			<p>Escritor comprometido y responsable con su tiempo histórico, Aub fue partidario de un mundo que conjugara la libertad democrática y la igualdad coherentemente. Un mundo que fluye en su obra y alberga principios que definen al autor: la dignidad, la solidaridad, la esperanza, la libertad, la justicia, la amistad y la fe en el hombre. Tomando nota de estos últimos en beneficio de lo común, es un deber moral seguir haciendo memoria, reconstruir el pasado a la luz del presente, confrontando, recuperando y perfilando matices y recovecos de esta memoria generacional de testigos y protagonistas. Una memoria contada en relatos que actúan en la conciencia del lector, despiertan la reflexión crítica y favorecen el conocimiento de nuestro pasado reciente porque, como apunta <xref ref-type="bibr" rid="B27">Sánchez Zapatero (2014</xref>, 235): “[L]a literatura puede hacer memoria y convertirse en un discurso histórico y ético capaz de trascender lo meramente estético”.</p>
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			<label>REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS</label>
			<title>Fuentes primarias</title>
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				<mixed-citation>Aub, Max. Hablo como hombre (Obras incompletas de Max Aub). México: Joaquín Mortiz, 1967.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Aub, Max. Diarios (1939-1972), M. Aznar Soler (ed.). Barcelona: Alba, 1998.</mixed-citation>
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			<title>Fuentes secundarias</title>
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					<lpage>11</lpage>
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				<mixed-citation>Ripoll, Blanca. Destino y la novela española de posguerra (1939-1949). Vigo: Editorial Academia del Hispanismo, 2012.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Ródenas de Moya, Domingo (ed.). Vueltas sin regreso. Max Aub y Dionisio Ridruejo (cartas). Madrid: Instituto Cervantes, 2018.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Rodríguez Puértolas, Julio. Historia de la literatura fascista española. Madrid: Akal , 2008.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Ruiz Torres, Pedro. De perplejidades y confusiones a propósito de nuestras memorias, Dosier Generaciones y memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria, en Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, n.º 7, 30 pp. Disponible en: &lt;<comment>Disponible en: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://hispanianova.rediris.es/7/dossier.htm">https://hispanianova.rediris.es/7/dossier.htm</ext-link>
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					<article-title>De perplejidades y confusiones a propósito de nuestras memorias, Dosier Generaciones y memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria, en Hispania Nova</article-title>
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				<mixed-citation>Sánchez Zapatero, Javier. Max Aub y la escritura de la memoria. Prólogo de Javier Lluch-Prats. Sevilla: Renacimiento , 2014.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Sobejano, Gonzalo. Novela española de nuestro tiempo (En busca del pueblo perdido). Madrid: Marenostrum, 2005.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Soldevila Durante, Ignacio. Historia de la novela española (1936-2000). Madrid: Cátedra, vol. I, 2001a.</mixed-citation>
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					<volume>I</volume>
					<year>2001</year>
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				<mixed-citation>Soldevila Durante, Ignacio. “Estudio introductorio”. In: Max Aub. Campo cerrado, Ignacio Soldevila Durante. (ed.); Campo abierto, José Antonio Pérez Bowie (ed.), en El laberinto mágico I, Joan Oleza (Dir.), Obras completas de Max Aub, Vol. II. Valencia: Biblioteca Valenciana-Institució Alfons el Magnànim , 2001b, 15-45.</mixed-citation>
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					<chapter-title>Estudio introductorio</chapter-title>
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					<source>Campo cerrado, Ignacio Soldevila Durante. (ed.); Campo abierto, José Antonio Pérez Bowie (ed.), en El laberinto mágico I, Joan Oleza (Dir.), Obras completas de Max Aub</source>
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					<year>2001</year>
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		<fn-group>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>Comparto con <xref ref-type="bibr" rid="B15">Larraz y Santos (2021)</xref> su consideración de la “literatura bajo el franquismo” como categoría o perspectiva conceptual que constituye un campo propio, y que entienden así: “el hecho literario (producido, distribuido, leído y criticado) desde el lugar de enunciación que plantea el régimen de Franco. Ese lugar de enunciación no es, sin embargo, geográfico, sino que trasciende las fronteras del Estado. El rótulo incluye múltiples procesos de la praxis literaria afectados por la ideología y las medidas represivas del régimen franquista, incluidos subsistemas como la literatura del exilio republicano, que es uno de los productos más palpables de la propia dictadura” (17-18).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>Siete años después, Aub incorporó este texto en <italic>Hablo como hombre</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B1">1967</xref>) y añadió: “Si existe algún escritor español en cuya obra no haya repercutido la guerra abominable que nos ha sido impuesta, o no es escritor, o no es español” (161-162).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>España continúa afrontando las implicaciones de un temprano cierre con la dictadura franquista deparado por la Ley de Amnistía de 1977, mas también por la acción de sucesivos gobiernos que, aparte acciones concretas de reparación a las víctimas y, a diferencia de otros países, no establecieron políticas públicas de memoria. No obstante, de su recuperación dan cuenta la conocida como Ley de Memoria Histórica (Ley 52/2007, de 26 de diciembre), y la Ley de Memoria Democrática (Ley 20/2022, de 19 de octubre.). También hay que destacar las manifestaciones cívicas: campañas de exhumación de las víctimas, mapeado de fosas o asociacionismo, así como las manifestaciones culturales: desde películas, cómics, novelas, cuentos, obras de teatro y escritos autobiográficos (memorias, diarios, epistolarios...) hasta ensayos y documentales.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>Cito por el texto de Editorial España (Madrid) que debió de conocer Benítez de Castro. Traducido por Eduardo Foertsch y Benjamín Jarnés, se publicó en junio de 1929 con 6 000 ejemplares. En seis meses hubo seis ediciones; la sexta, en noviembre, completaba un total de 62 000 ejemplares. Otra edición de la novela, de 2009, vio la luz en Edhasa (Barcelona), en traducción de Judith Vilar. Su éxito internacional comportó incluso su adaptación cinematográfica en 1930, con título homónimo y dirección de Lewis Milestone. En 1979, Delbert Mann realizó un <italic>remake</italic> para su emisión en televisión. En 2022 se estrenó la magistral adaptación dirigida por Edward Berger, con una excelente recepción de la crítica y los espectadores. Entre otros galardones, obtuvo el Premio Oscar a la mejor película internacional en marzo de 2023.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Fundación Max Aub-AMA (Mss., caja 22-ms. 1, f.<sup>os</sup> 4, 6 r.<sup>o</sup>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>Los expedientes de censura editorial consultados se conservan en el Archivo General de la Administración (AGA, Alcalá de Henares). <italic>Mis páginas mejores</italic>: Expte. n.º 1186/66. Año 1966 - Signatura AGA 21/17085. <italic>Campo cerrado</italic>: de Alianza, en 1969, Expte. n.º 2050/69; signatura AGA 66/02664. Fechas de apertura y resolución de expediente: 12/2/1969 - 15/4/1969. El resto de expedientes son estos: Expte. n.º 11453-70. Año 1970 - Signatura AGA 66/06245. Barral Editores, Col. Ediciones de Bolsillo. Fechas: 12/11/1970 - 18/11/1970; Expte. n.º 3435-78. Año 1978 - Signatura AGA 73/06538. Alfaguara. Fechas: 28/9/1978 - 3/10/1978; Expte. n.º 7158-78. Año 1978 - Signatura AGA 73/06645. Alfaguara. 2.ª ed. Fechas: 22/6/1978 - 23/6/1978; Expte. n.º 8642-79. Año 1979 - Signatura AGA 73/07026. Alfaguara. 3.ª ed. Fechas: 7/9/1979 - 10/9/1979. Sobre la censura de <italic>El laberinto mágico</italic>, véase <xref ref-type="bibr" rid="B17">Lluch-Prats (2020)</xref>.</p>
			</fn>
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