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				<journal-title>Revista Caracol</journal-title>
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				<publisher-name>Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo</publisher-name>
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					<subject>DOSSIÊ: CULTURA E POLÍTICA NAS RELAÇÕES BRASILCHILE/CHILE-BRASIL</subject>
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						<subject>Os anos CEPAL-FLACSO no Chile dos sessenta</subject>
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				<article-title>Participação de Rodrigo Baño</article-title>
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					<trans-title>Rodrigo Baño’s participation</trans-title>
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					<institution content-type="original">Professor titular do Departamento de Sociologia da Universidad de Chile. É autor, entre outros, de Lo social y lo político; Un dilema clave del movimiento popular (1985), De Augustus a Patricios (1992) e Transformaciones Sociales y Económicas en América Latina, em coautoria com Enzo Faletto (1999).</institution>
					<institution content-type="orgdiv1">Departamento de Sociologia</institution>
					<institution content-type="orgname">Universidad de Chile</institution>
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		<p>Como introducción quisiera señalar que yo soy más bien tangencial, o sea, tengo una vida tangencial; paso, pero no entro, no penetro. Soy también tangencial a la teoría de la dependencia. Fui muy amigo de Enzo Faletto, pero no soy culpable de la teoría de la dependencia. Soy inocente, nunca estuve ahí, nunca me metí ahí y en general lo que sé y lo que conozco y las personas con las cuales he compartido sobre el tema me han sido presentadas fundamentalmente por Enzo Faletto. Fue él quien me introdujo y con quien conversé todo el tiempo, toda la vida, incluyendo temas de dependencia, por supuesto. Pero yo no intervine en eso, solo tangencialmente pasaba por ahí. También debería decir que no pretendo ser el representante en la tierra de Enzo Faletto. Fui muy amigo de él, pero él es él y yo soy yo, somos muy distintos.</p>
		<p>Lo otro que me parece bueno señalar es que este encuentro Brasil-Chile, recordando y proyectando, me recuerda mucho algo que yo suelo decir a los estudiantes cuando toco un tema de historia: deben tener muy claro que la historia no es solamente un antecedente de la actualidad, sino que es un componente de la actualidad. No hay que decir, bueno, esto pasó y nosotros derivamos, no. El pasado está con nosotros. Es lo mismo que pasa con cada uno de nosotros que siendo adultos o incluso viejos, seguimos teniendo al niño adentro. Uno sigue siendo el niño, uno se recuerda del niño que fue, el niño que jugaba, el joven que aspiraba. No es que haya dejado de serlo porque se puso viejo, continúa siendo todo aquello. Y eso le permite justamente comprender a los niños. Eso también pasa con la historia de los países, a veces uno piensa que hay que mirar hacia adelante, sin retroceder, porque eso no sirve de nada. Pero seguimos siendo lo que fuimos, no podemos separarnos de eso. Esto equivale a decir que el pasado y el presente están unidos. Eso creo que viene muy a cuento en este encuentro: ver lo que ha sido y lo que podemos seguir siendo y lo que vamos a ser más adelante. Creo que todo está unido. </p>
		<p>Bueno, respecto de la experiencia de brasileros en Chile (una vez un amigo brasilero de Rio de Janeiro me dijo: no son sólo brasileros, son paulistas…) yo podría recordar más de ellos, pero los principales han sido nombrados y, obviamente, el profesor Cardoso aquí presente, está a la cabeza de todos ellos. Pero a todos los demás también los recordamos y conocemos sus aportes. </p>
		<p>Yo quisiera recordar el contexto en que se da ese encuentro entre brasileros y chilenos en esos años sesenta del siglo XX. Muy agitados en el mundo y en América Latina. ¡Agitadísimos! Fueron los años de las guerrillas en todas partes, fueron los años de las grandes movilizaciones de masas, del gran enfrentamiento entre socialismo y comunismo, de la Guerra Fría más caliente que nunca. Eso fueron los años 60, es decir, una época muy activa, extraordinariamente politizada y muy latinoamericanista también, con mucha presencia de lo latinoamericano.</p>
		<p>Se miraban los latinoamericanos entre sí, se sentían todos latinoamericanos. Y uno podría preguntarse, ¿no habrán sido los años sesenta el canto del cisne del anticapitalismo y del latinoamericanismo? </p>
		<p>No sé si ustedes conocen aquí esa leyenda muy antigua, tan antigua como la Grecia clásica, del canto del cisne que no canta. El cisne es un ave muy hermosa que no canta. La leyenda dice que sí canta una vez… cuando se va a morir. Entonces su canto siempre evoca algo que llega a su esplendor, muy bello, y que entonces muere. Es como la llama que flamea más fuerte antes de apagarse el fuego. Uno podría preguntarse si los años sesenta no serían el canto del cisne de lo que fueron las ideas socialistas, el anticapitalismo, el latinoamericanismo. Después de todo eso, el cisne pareciera que empezó a morir. </p>
		<p>Soy un poco provocador al decir una cosa así. Sé del público con que estoy y es claramente bastante provocativo preguntarse si los años sesenta fueron el canto del cisne de la izquierda, el canto del cisne de América Latina. </p>
		<p>Pero en buena medida, es evidente que después de eso hay un cambio muy fuerte, una organización capitalista muy fuerte. Después de eso, vendrán las dictaduras militares en prácticamente toda América Latina y se reafirmará el capitalismo. Lo que se veía como alternativa en los socialismos reales iba a entrar claramente, ya en los setenta, en decadencia y colapsaría finalmente en los ochenta. Entonces ya no quedaba alternativa y ya el espectro político se quedaba sin un polo. Se hacía muy difícil ordenar. </p>
		<p>Ser de izquierda ahora requiere muchas palabras para definirse. Antes, hasta los sesenta, era muy claro. Ser de izquierda era estar por el socialismo y punto, no había más. Se discutían estrategias, tácticas, cuál era el sujeto revolucionario, cuál no lo era, cuánto demoraría, cuánto no demoraría. Pero en esos años sesenta era la inversa de ahora. En esos años, se diría que el socialismo estaba a la vuelta de la esquina, iba a llegar de todas maneras, con democracia, con golpes, con guerrilla, con lo que fuere, pero llegaba de todas maneras. Se los digo porque yo viví esos años y los viví así, intensamente. Sin embargo, ahora nadie pensaría algo similar. Claramente, se rearticuló el capitalismo y se universalizó la globalización capitalista. Eso lo tenemos claro ahora y por lo tanto el contexto ha cambiado. </p>
		<p>Fue en ese contexto y en ese Chile de los sesenta, cuando recibimos a esos brasileros que vinieron a dar, a entregar. Y nos entregaron mucho conocimiento, mucha experiencia, mucha inteligencia. Eso permitió justamente un desarrollo como nunca antes ni después se ha dado, en términos de crear visiones propias de América Latina. Se dejó de importar ideas y se inventaron cosas. </p>
		<p>Enzo Faletto, y creo que el profesor Cardoso también, tienden a negar que hayan hecho una “<italic>teoría”</italic> de la dependencia y afirman que más bien analizaron “<italic>situaciones de dependencia”</italic>. No sé si me equivoco, pero creo que les he escuchado eso varias veces sobre la teoría de la dependencia. </p>
		<p>La verdad es que cuando se hablaba de esa teoría, se hablaba de dos troncos. Uno era el de Theotônio dos Santos<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> y de Vânia Bambirra<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref>, más ligados al Centro de Estudios Socioeconómicos de la Universidad de Chile, el CESO, que a la CEPAL o a FLACSO. Ahí se radicaron ellos e hicieron vida política y formularon una teoría de la dependencia bastante más ligada al marxismo, bastante más ligada a la teoría del imperialismo, que lo que desarrollaron el profesor Cardoso y Enzo Faletto respecto de la dependencia, que es una cosa totalmente distinta. Quizá uno podría decir que la línea de Theotônio parecía más cerrada, una línea que planteaba que había que terminar con el imperialismo si se quería un desarrollo.</p>
		<p>La línea planteada por Cardoso y Enzo era bastante más abierta, o sea, hacía más bien el análisis de una situación, pero desde la cual había múltiples posibilidades de salida bastante distintas. Nada venía predeterminado para esa metodología histórico-estructural, tan extraña, que parecía casi una tentativa de buscar la cuadratura del círculo, de juntar a Weber con Marx. </p>
		<p>Algo de eso hay en lo que plantean el profesor Cardoso y Enzo Faletto, cuando protagonizan realmente el desarrollo del pensamiento teórico más importante y original de América Latina. De alguna manera, es la respuesta al desarrollismo de la CEPAL, también la respuesta a la teoría socialista sobre la evolución de las sociedades, de tipos de modo de producción y de formaciones sociales. Salta a otra perspectiva. Esa perspectiva de análisis tan importante se da en esas condiciones de encuentro en la década del sesenta.</p>
		<p>Después vendrá la reacción fuerte de los golpes y las dictaduras militares en América Latina. Entonces el nombre de América Latina ya cada vez se pronuncia menos, cada vez se pronuncia más el de cada país y se empieza a producir una nacionalización del pensamiento y una separación del criterio latinoamericano. No obstante, las olas son bastantes regionales y latinoamericanas. Primero, la ola autoritaria dictatorial, después va a entrar la ola democratizadora, en los ochenta, y a seguir, vendrán los temas de la transición. </p>
		<p>Ahí sí tuve algo que ver y efectivamente participé en algunas cosas, porque entonces surgen dos cuestiones que se presentan como fundamentales: <bold>la institucionalidad</bold>, vale decir, qué normas tenemos que tener para que funcione la democracia; y, por otro lado, la <bold>cultura política</bold>, o sea, cuál es la cultura política adecuada, cuál es la que tenemos y cuál es la que deberíamos tener para que esta cosa de la democracia funcione. Porque cambió el patrón, o sea, ya no se trata de la línea divisoria entre socialismo y capitalismo. El problema es el régimen político, democracia o dictadura. </p>
		<p>Yo tuve la suerte de hacer ciertos estudios con algunos amigos de acá, como el profesor José Álvaro Moisés de la USP, con quien trabajamos en conjunto haciendo encuestas; y también con Hélgio Trindade, de la Universidad Federal de Río Grande do Sul. Con ellos y otros latinoamericanos trabajamos en conjunto, porque se hacían estudios para comparar los tipos de transición, para comparar las culturas políticas, para comparar las normativas y ese tipo de cosas. Las comparaciones sirven mucho. A nosotros, los chilenos, nos sirvieron mucho para darnos cuenta de que no de todo tenía la culpa Pinochet. Nos encontramos con que había otros países que tenían exactamente los mismos problemas y no habían tenido a Pinochet. Claramente eran otras cosas las que estaban pasando también y que tendríamos que estudiar. </p>
		<p>Como siempre, partimos y llegamos a la situación actual. Esta situación es de bastante nacionalización, esto es, se han ido individualizando los países. Cada uno de los países latinoamericanos ha buscado su propia forma de relacionarse con la economía mundial. Los intentos de organizaciones latinoamericanas han fracasado prácticamente todos. Se crea uno, se desarma otro, se crea uno nuevo, pero la verdad es que no funcionan. Puede haber algunos frutos desde el punto de vista arancelario, cosas así, pero en general no propenden a lo que alguna vez se pensó como una América Latina unida económicamente y con futuro político. Cada uno trata de establecer las vinculaciones con la economía mundial que le parece más apropiada. Esa es la realidad.</p>
		<p>Las organizaciones internacionales, de las cuales Herminia hablaba recién, también se han nacionalizado. La CEPAL hace un conjunto de estudios por países, la FLACSO actualmente tiene once sedes nacionales; incluso estas organizaciones internacionales se nacionalizan, se van dividiendo. Las relaciones de los países latinoamericanos son individuales con los centros hegemónicos, no son entre los países. Ese es el desafío que tenemos en la actualidad.</p>
		<p>No podemos engañarnos pensando que en realidad estamos cada día más latinoamericanos y que esto está creciendo, no. Tampoco el capitalismo está cada día más débil. Es otra la situación. El contexto de los sesenta era uno. El contexto del Siglo XXI es otro, radicalmente distinto. Tenemos, en todo caso, una historia y tenemos un presente que pueden ser comunes. Yo no sé si el canto de los sesenta fue efectivamente el de un cisne. Quisiera pensar que ojalá haya sido del ave fénix que estaban quemando ahí y que volverá a tomar el vuelo. Quiero pensar eso, pero no sé si es eso. Ahora depende de nosotros lo que podamos hacer para ello.</p>
		<p>Tenemos un pasado común, tenemos problemas comunes. Yo diría que el problema fundamental en la actualidad no es ni económico ni político. En el presente el problema fundamental en los países latinoamericanos es social y cultural. Para que podamos tener un futuro político y un futuro económico que de alguna manera nos desarrolle, hay que solucionar el problema social. Estas sociedades se han transformado a una velocidad vertiginosa y han generado un tipo de comunidad absolutamente anómica. Una tremenda anomia que está presente en todo, que ha llevado a un tremendo grado de corrupción en todos los niveles y en todas partes, en todas las instituciones y en todas las personas. O sea, hay una transformación violentísima que se ha dado no solamente en términos de globalización que, esa sí, es clara y todos la ven, todos la discuten. Pero no se ha visto mucho qué es lo que ha ocurrido en la sociedad misma, la desintegración social que se ha producido con el tema de mercantilización total y absoluta de todo.</p>
		<p>Todo se ha mercantilizado, la solidaridad y los servicios que antes eran de amigos, eran de familia, del recién conocido y hasta del desconocido, todo eso se ha mercantilizado. Todo se compra, todo se vende. El único valor es el dinero y si el único valor es el dinero, ¿cómo no surgir la corrupción? Si lo único que vale es el dinero, el que no es corrupto está fuera del mundo, no conoce dónde está viviendo. Si lo único que vale es el dinero, hay que obtenerlo a como dé lugar y por eso la corrupción puede estar en Chile y en todas las instituciones. En Chile parece menor y comparada con otros países es poca. Los montos son bajos, pero ya está la corrupción, el narcotráfico, la delincuencia, todo eso, fruto de la misma desintegración de una sociedad que ha sido transformada con una rapidez tan vertiginosa y que ha producido una súper individualización mercantilizada.</p>
		<p>También hay una tendencia a generar una sociedad fundamentalmente tribal. Recuerdo una vez al profesor Cardoso referirse a Estados Unidos y señalar que se trataba de un país tribal. Me acuerdo haber escuchado por primera vez esa fórmula y, efectivamente, Estados Unidos es desde hace mucho tiempo un país tribal. A mí me parece que, aunque los países latinoamericanos no eran tribales, actualmente también lo son, con tribus de todo tipo: de fútbol, de música, de droga, de delincuencia, de barrio, de cualquier cosa, son tribus donde los individuos se juntan para sentirse con otros y, sin embargo, la sociedad está desintegrada.</p>
		<p>El problema fundamental actualmente en América Latina es un problema social de desintegración, un problema de la cultura, de una sociedad que en estas condiciones es muy difícil que construya política, que construya economía, que construya en conjunto, como un todo, que es lo que queremos.</p>
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				<label>1</label>
				<p>Theotônio dos Santos (1936-2018). Sociólogo brasileño, profesor emérito de la Universidade Federal Fluminense (UFF) y Coordinador de la Cátedra y Red UNESCO-UNU de Economía Global y Desarrollo Sostenible (REGGEN). Considerado uno de los creadores de la teoría de la dependencia.</p>
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				<label>2</label>
				<p>Vânia Bambirra (1940-2015). Socióloga y economista brasileña. Exiliada en Chile desde 1966 hasta el golpe militar, se incorporó al CESO, donde ayudó a formular la Teoría de la Dependencia. Posteriormente permaneció en México hasta 1980, como profesora en la UNAM. A su regreso a Brasil, volvió a la docencia en la Universidad de Brasilia y ocupó diversos cargos públicos en Rio de Janeiro.</p>
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