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				<journal-title>Revista Caracol</journal-title>
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				<publisher-name>Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.11606/issn.2317-9651.i28p310-335</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Vária</subject>
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				<article-title>El castillo de arena que aún resiste. Afectos y exilio en <italic>Su fuego en la tibieza</italic> (1981) de Alberto Szpunberg</article-title>
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					<trans-title>The sand castle that still resists. Affections and exile in Su fuego en la tibieza (1981) by Alberto Szpunberg</trans-title>
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						<surname>Travela</surname>
						<given-names>Luján</given-names>
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                    <bio>
                    <p>Profesora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata y becaria doctoral del CONICET y trabaja en el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS UNLP). Su proyecto de investigación se centra en la obra del poeta Alberto Szpunberg y la relación entre poesía, política y afectos. </p>
                    </bio>
                    <email>m.lujan.travela@gmail.com</email>
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					<institution content-type="original">Universidad Nacional de La Plata</institution>
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			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jul-Dec</season>
				<year>2024</year>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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				<title>Resumen</title>
				<p>El poeta y militante revolucionario argentino Alberto Szpunberg (1940-2020) publica en Barcelona, en 1981, Su fuego en la tibieza, tras exiliarse en 1977. Con este libro, se da inicio a un segundo ciclo de su obra, en la que su condición de exilado será central en su escritura. En este trabajo analizaremos el modo como los afectos participan del trabajo del escritor, concentrándonos en los poemas de “Exilio en el Masnou”. En estos textos, la dimensión afectiva es capaz de ofrecer una clave de lectura al configurar un escenario en el que conviven la melancolía y la derrota con el optimismo y el cariño.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>The Argentinian poet and revolutionary activist Alberto Szpunberg (1940-2020) published Su fuego en la tibieza in Barcelona in 1981, after going into exile in 1977. This book begins a second cycle of his work, in which his exile condition will be central to his writing. In this paper we will analyze the way in which affects participate in the writer’s work, focusing on the poems of “Exilio en el Masnou”. In these texts, the affective dimension offers a reading key as long as it configures a scenario in which melancholy and defeat coexist with optimism and warmth.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>Poesía</kwd>
				<kwd>Memoria</kwd>
				<kwd>Exilio</kwd>
				<kwd>Afectos</kwd>
				<kwd>Szpunberg</kwd>
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				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Poetry</kwd>
				<kwd>Memory</kwd>
				<kwd>Exile</kwd>
				<kwd>Affects</kwd>
				<kwd>Szpunberg</kwd>
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		<p>De acuerdo con el testimonio brindado a Jorge Boccanera (1999), Alberto Szpunberg (1940-2020) parte hacia el exilio el 9 de mayo de 1977: tras años de clandestinidad y con la última dictadura cívico-militar ya en el poder, el poeta tomó la decisión de dejar el país para acompañar a su esposa y a su hija en Europa hasta que se encontraran seguras, para luego retornar a sus actividades de militancia. No obstante, una semana después de su partida, el ejército ya había requisado la casa de sus padres y familiares en su búsqueda, evento que evidenció el peligro latente y convenció al poeta a permanecer en Barcelona, donde finalmente se estableció con su familia. Allí, en 1981, publica su siguiente libro de poemas, <italic>Su fuego en la tibieza</italic>, título central en la producción poética de Szpunberg, del que se desprenden líneas centrales de su obra y da inicio a una nueva etapa en su escritura.</p>
		<p>Compuesto por cuatro partes, “Casa allanada”, “Despedidas”, “Correspondencia Baires - Salzburgo” y “Exilio en El Masnou”, y escrito a lo largo de por lo menos una década,<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> este libro erige una poética en la que se intenta nombrar aquello que se pierde tras el golpe de 1976, actitud descrita por el crítico Daniel Freidemberg como “un hacerse cargo de lo que la experiencia de habitar el mundo real ofrece, en gran medida incomprensible y previo a cualquier formulación verbal” (<xref ref-type="bibr" rid="B11">2008</xref>, p. 11). En estos poemas se cifra la experiencia de la militancia, la clandestinidad, el exilio, los crímenes de acción militar y la desaparición de sus compañeros, del mismo modo que se explora un recurso que caracterizará la poética del autor: la reescritura, la reinscripción de pasajes total o parcialmente idénticos a los ya elaborados en poemas anteriores, para producir nuevas significaciones y producir un extrañamiento en la lectura. De este modo, el poeta interviene en los “trabajos de la memoria”, tal como los entiende Elizabeth <xref ref-type="bibr" rid="B13">Jelin (2002</xref>) y su conceptualización de la memoria social como territorio intersubjetivo en el que se disputan los sentidos del pasado en un proceso de significación siempre abierto e inconcluso.</p>
		<p>La particularidad del contexto en el que se escribe y se publica este poemario, por consiguiente, lo inscribe en lo que Adriana <xref ref-type="bibr" rid="B5">Bocchino llama las “escrituras del exilio” (2008</xref>) para problematizar las aproximaciones críticas a las literaturas atravesadas por este tipo de experiencias, las cuales desafían la construcción misma del marco teórico en relación a las categorías de autor, representación y lector. Así, la autora opta por el concepto de “escritura” para desplazar el campo de la textualidad y las funciones textuales, y de esta manera poner el énfasis en el proceso y la práctica escritural como manera de reponer la relación de continua interdependencia con la contingencia del exilio, su desencadenante político y social frente al que se produce. En este marco, uno de los aspectos relevantes que señala Bocchino es el de la nulidad de “la muerte del autor”, en la medida en que este presupuesto posestructuralista invalida las consideraciones sobre la emergencia de estas literaturas, ya que, de acuerdo con la autora:</p>
		<disp-quote>
			<p>[...] la situación, en su desplazamiento, constituye a los sujetos al tiempo que escriben especialmente desde esta situación y no otra. Sólo así se alcanza a entender la insistencia del gesto de inscripción que imprimen a sus escrituras en el indicio autobiográfico [...] la reposición obsesiva de los sujetos, los que escriben y sobre los que se escribe, puesto que allí se definen, se arraigan, resisten desde una escritura que aparece como única posibilidad de engarce de cuerpos con nombre y apellido (p. 17).</p>
		</disp-quote>
		<p>Resulta interesante el acento colocado por la autora en la dimensión corporal de las escrituras del exilio, para quien escribir supone una afirmación del sujeto empírico en abierto desafío a la persecución estatal. De este modo, no es posible concebir al autor únicamente en términos de función o categoría textual. Por el contrario, y en línea con la propuesta del sujeto tripartito de la enunciación poética,<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> en las escrituras del exilio, los elementos de la experiencia biográfica forman parte constitutiva del sujeto de la enunciación poética. Entonces, de acuerdo con lo expuesto por Bocchino, el abordaje de <italic>Su fuego en la tibieza</italic> partirá de la presunción de un sujeto de enunciación poética fuertemente anclado en las experiencias biográficas del poeta: su adhesión a la militancia revolucionaria, la clandestinidad, el exilio y sus itinerarios, sus lecturas, sus relaciones, entre otros aspectos que se revelarán iluminadores en la lectura. A su vez, nos detendremos en la tensión que produce la presencia de las afectividades y la corporalidad en los poemas de este libro. Precisamente, Mabel Moraña (2012), propone revisiones desestabilizadoras del entramado cultural latinoamericano con el afecto como referencia, para así desviar los sentidos de los textos hacia nudos problemáticos antes ignorados. Es por ello que a continuación buscaremos reconstruir los escenarios afectivos, políticos e intelectuales en los que tuvo lugar la escritura de <italic>Su fuego en la tibieza</italic> y analizar así, el modo en que los afectos participan de la escritura del exilio del poeta.</p>
		<sec>
			<title>Biografía de un poeta militante</title>
			<p>El 28 de septiembre de 1940, en Buenos Aires, nacía Alberto Szpunberg, en una familia de origen judío y proveniente de Polonia, perteneciente a la clase trabajadora con simpatía por el socialismo. En edad temprana comenzó a escribir poesía e ingresó a la juventud del Partido Comunista (PC). Esta confluencia dio lugar a una poética arraigada en las causas populares y las convicciones políticas, en la estela de escritores como Raúl González Tuñón, Juan Gelman y Juana Bignozzi, que buscaron integrar en sus obras el compromiso político y la exploración estética. En 1962, Szpunberg publicó su primer libro, <italic>Poemas de la mano mayor</italic>, donde pueden apreciarse estas influencias. De acuerdo con las reconstrucciones que realiza Nilda <xref ref-type="bibr" rid="B18">Redondo (2016</xref>), son sus tendencias estéticas y sus posicionamientos políticos heterodoxos los que provocan la expulsión de Szpunberg del PC y agilizan su proximidad a las primeras gestaciones de la guerrilla en Argentina. En primera instancia, ingresa al Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) y, tras su desarticulación por parte de la Gendarmería en marzo de 1964, impulsa la conformación de la Brigada Masetti, uno de los grupos de las Fuerzas Argentinas de Liberación (FAL). En 1971, tras la crisis de la FAL, el poeta se encuadra en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), llevando, así, una doble vida, entre la clandestinidad y la militancia pública, como estudiante y luego profesor en Letras, y Director de la carrera de Lenguas y Literatura Clásica de la Universidad de Buenos Aires en 1973, así como periodista de <italic>La Opinión</italic> y director de su suplemento cultural entre 1975 y 1976 (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Redondo, 2016</xref>, p. 185-186).</p>
			<p>Por su parte, en el prólogo a su obra reunida <italic>Como solo la muerte es pasajera</italic> (2013), Szpunberg explica que fue “Marquitos”, un poema de 1964, el que lo llevó a “la plenitud de la lucha”, que creyó “definitiva y final” (p. 12). Se trata de un homenaje dedicado a su amigo y compañero del EGP, Marcos Szlachter, que había sido asesinado ese mismo año, episodio profusamente abordado en su tercer libro, publicado un año más tarde, <italic>El Che amor</italic> (1965), libro que entonces le valió la mención de Casa de las Américas para la categoría de poesía. Esta reconstrucción de la militancia de Szpunberg en conjunto a sus primeras experiencias como poeta nos permite comprender no solo su adhesión programática al movimiento armado sino el vínculo consustancial que su escritura establece con la vida política.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>De la clandestinidad al exilio: los aprendizajes</title>
			<p>En primer lugar, resulta evidente que entre <italic>El Che amor</italic> y el nuevo poemario del año 1981 se produjo un lapso en la publicación poética del autor<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>. Tras la apoteosis de la gesta revolucionaria que cierra el libro de 1965, esta interrupción debe adjudicarse, en parte, tanto a las exigencias de la militancia revolucionaria y a la creciente violencia política que se experimentaba en Argentina a partir de la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse (1966-1973). Dentro de este contexto, es posible admitir que las actividades militantes concentraron el interés del poeta, quien asume el rol de escritor revolucionario en el campo literario argentino, tal como lo explica <xref ref-type="bibr" rid="B7">José Luis de Diego</xref> en su libro <italic>¿Quién de nosotros escribirá el Facundo?</italic> (2003). De acuerdo con este autor, en los sesenta y principios de los setenta se produjo una supresión casi total de las mediaciones entre el campo literario y el campo político, por lo que cada vez más se le requería al escritor la intervención en la esfera pública, para la cual el problema era “cómo hacer la revolución”. Bajo esta óptica, la actividad literaria solo era legítima como arma de transformación radical, y el escritor debía tomar el camino de la proletarización y su integración al campo popular. El escritor revolucionario, combatiente, es, entonces, la síntesis del dilema que encuentra su encarnación en José Martí, para el continente, y en Rodolfo Walsh, en Argentina. La prioridad, entonces, será la acción por sobre las ideas, y la exaltación de la muerte como última consecuencia. Esta visión omnicomprensiva del mundo compartida por la militancia tendrá su fractura tras el golpe de 1976, que operará, a su vez, una fractura sobre el campo cultural y literario, en particular, en la medida en que provocó deliberadamente la partida de numerosos escritores, así como la desaparición forzada de muchos de ellos. En este sentido, debemos considerar el exilio como una de las formas de la violencia ejercida durante la última dictadura militar, y forma parte, por lo tanto, de la historia de las militancias del <italic>sesentismo</italic>, así como de la resistencia antidictatorial dentro-fuera del país (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Jensen, 2018</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B15">Jensen; Lastra, 2016</xref>). Por su parte, de Diego se concentra en los efectos del exilio, por un lado, sobre la mencionada limitación del campo literario, y por otro, en la elaboración de los escritores de distintas “tradiciones del exilio” (p. 165), para lo que se trabaja con testimonios entre los cuales se encuentra el libro de entrevistas de <xref ref-type="bibr" rid="B20">Boccanera (1999)</xref>. Resultan llamativas las primeras advertencias de de Diego en torno a la relación paradojal de la literatura argentina y el exilio, “una simbiosis que parece condenada a perdurar”<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref> (p. 151), por lo que, señala, es necesario un análisis pormenorizado de las implicancias semánticas de esta relación consustancial, dado que la condición de exilio puede referirse a una situación concreta, de desplazamiento forzoso por motivos políticos, y otro, no excluyente, de alcance metafórico, es decir, sentirse exiliado de una comunidad, de una cultura, de una lengua: “por esa razón, el escritor se sitúa siempre en el límite entre dos esferas” (p. 155), la patria exterior y la patria de la lengua a la que pertenecía. Esta condición intersticial remite a las definiciones que George <xref ref-type="bibr" rid="B19">Steiner realiza en <italic>Extraterritorial</italic> (2000</xref>) sobre los escritores a los que la barbarie política ha dejado “sin casa” (p. 16). Al respecto, en su “Ensayo sobre la frontera”, Enrique Foffani recupera la categoría de propuesta por Steiner para pensar bajo esta óptica una genealogía de poéticas latinoamericanas que se encuentran por fuera de los límites lingüísticos y geopolíticos, tensión que persiste bajo la forma de una oscilación irresuelta ubicada en la frontera, una duda dialéctica con respecto a la propia lengua como a las ajenas. En este punto, Foffani indica que la noción trabajada por Steiner, así, posibilita la aproximación al conflicto constitutivo entre lengua y espacio y, además, nos permite concebir al escritor moderno como un refugiado en busca de un lugar para una situación de estar fuera de lugar por antonomasia. </p>
			<p>Así, una vez más en ¿Quién de nosotros escribirá el Facundo? encontramos que, dada esta condición, el escritor que salió del territorio argentino debido a la persecución militar, se sintió “doblemente exiliado” (p. 155). De este modo, al indagar sobre los tópicos recurrentes en las narraciones sobre el exilio, de Diego señala que muchos autores vincularon dicha experiencia con la tradición judeocristiana de la errancia, la tierra prometida y la veneración a la escritura y al libro. En esta estela el autor ubica a Alberto Szpunberg, al concebir la vida como tránsito y remitir su propio exilio al de sus antepasados. En esta línea, en la misma entrevista de Boccanera que hemos citado se dice significativamente que Szpunberg “vive entre Buenos Aires y Barcelona”. Bajo el título “Una valija a medio abrir, a medio vaciar”, el poeta declara: “siempre me sentí en tránsito […] ese acá al que yo quería volver ya no existía; era un acá que había sido demolido, […] siento que no tengo lugar” (p. 164) y luego afirma que la experiencia de exilio es “un largo aprendizaje” (p. 174). </p>
			<p>Es a partir de esta noción del exilio como proceso de aprendizaje que interesa el trabajo que realiza María Matilde <xref ref-type="bibr" rid="B17">Ollier (2009</xref>) en el capítulo cinco del libro <italic>De la Revolución a la Democracia. Cambios privados, públicos y políticos de la izquierda argentina</italic>. Así, la autora recoge una serie de testimonios de exmilitantes de organizaciones revolucionarias armadas para analizar, confrontándolos con la coyuntura histórica, las diferentes modulaciones subjetivas que acompañaron el pasaje de la guerrilla a la lucha por la democracia y los DDHH. En primer lugar, se repara en el carácter autoritario de las organizaciones revolucionarias cuyos efectos en el terreno subjetivo de los militantes no pudieron ser advertidos sino en la distancia que posibilitó la salida del país. De este modo se inicia “el camino a la desradicalización” (p. 184), una crisis identitaria que crea distintos desplazamientos en los imaginarios de los exiliados. En este punto se formula la pregunta clave que movilizará el análisis de Ollier: ¿bajo qué argumentos abandonaron el compromiso con la violencia como forma de hacer política? En principio, cuando estos militantes partieron lo hicieron con la idea de rearmarse y retornar en un corto período de tiempo para efectuar una contraofensiva militar, tal como declara <xref ref-type="bibr" rid="B20">Szpunberg a Boccanera (1999</xref>). Entonces, la autora se pregunta qué experiencias produjeron los cambios de posicionamiento de los exiliados.</p>
			<p>En primera instancia, la autora señala la prevalencia de la adhesión ideológica a la revolución, de lo que se desprende, sin embargo, un cuestionamiento táctico, estratégico, de un avance prematuro hacia la política armada. Pero, en la medida en que la ilusión del retorno se diluye, emerge en los testimonios la sensación de soledad, la carencia del marco colectivo revolucionario que ofrecía a sus miembros herramientas de lectura e interpretación hermanadas de la contingencia. En el desamparo individual que experimentan quienes partieron al exilio, la falta de control partidario de las ideas inicia un proceso personal de reflexión y revisión para entender no solo el mundo circundante sino el propio pasado. La noción de “pensar por mi cuenta” aparece en numerosos testimonios, primero como un escenario vertiginoso, pero, después, con una valoración positiva de la libertad individual. Así, “la carencia de la fuerza colectiva debilita el pensamiento revolucionariop.” (p. 187) lo que pone en duda la idea misma de la revolución, así como el paradigma de amigo/enemigo. La autora enfatiza, entonces, la mutación que se produce en el lenguaje de los exmilitantes a partir de un “desorden” en los aparatos de lectura. Puesto que no hay una bibliografía única a partir de la cual reconstruir su identidad, su pertenencia y su ubicación, la cosmovisión marxista revolucionaria se coloca en términos relativos y “los exactivistas colocan entre signos de interrogación la ideología” (p. 191). En el exilio, la posibilidad de discutir sobre la experiencia pasada entre personas de distintos orígenes políticos lleva a la apertura hacia la multiplicidad de “puntos de vista” y la autocrítica, la ampliación del horizonte ideológico, el universo de las ideas y los valores políticos. En este marco, toma fuerza el valor de la convivencia política que lleva, inevitablemente, a incorporar al lenguaje nuevas palabras que articulen y conformen este nuevo escenario: “la diversidad de verdades les hace comprender que construir un mundo mejor es una tarea carente de linealidad, para lo cual no hay un solo camino” (p. 195). Así, los exmilitantes revolucionarios han atravesado un proceso individual de liberalización. </p>
			<p>En este punto, resulta significativo el lugar que la autora otorga a las lecturas novedosas, fuera del encuadre partidario, que enriquecieron los instrumentos para conferir sentido al mundo después del golpe. Al mismo tiempo, resulta llamativo uno de los testimonios en los que la revisión de la izquierda es posible en el exilio, ya que “uno, cuando estaba poniendo el cuerpo, no lo advertía” [al referirse a la rigidez intelectual y de acción] (p. 199), y, en otro testimonio, esta experiencia tiene como resultado leer y “escribir lo que se te da la gana” (p. 201). Es así que emerge una nueva definición de la política como “el juego de lo posible” (p. 230), que, a diferencia de la revolución unívoca, convoca a una negociación no determinada de antemano, basada en el diálogo y fundamentalmente en el abandono del paradigma amigo/enemigo. En este sentido, el análisis realizado por Ollier no solo echa luz sobre los años que transcurrieron entre el comienzo de su exilio y la publicación de <italic>Su fuego en la tibieza</italic>, sino también en las rupturas y las continuidades en la poética de Szpunberg desde <italic>El Che amor</italic>. </p>
		</sec>
		<sec>
			<title>“Exilio en el Masnou”, nuevos mapas afectivos en Su fuego en la tibieza</title>
			<p>Como ya hemos mencionado, en 1981 se abre una nueva etapa en la poética de Szpunberg, en su nuevo libro ya no encontramos la exaltación del sacrificio y la muerte como culminación del deber revolucionario que habían caracterizado el poemario de 1965. Por el contrario, en la lectura total de <italic>Su fuego en la tibieza</italic> se evidencia de inmediato una lamentación por el costo a pagar de la gesta guerrillera, que se reviste, por momentos, del tono de denuncia propio de este libro, así como la añoranza por el mundo que quedó en suspenso del otro lado del Atlántico. Esto se explica en la medida en que la descomposición de los lazos de los miembros de los grupos armados expuesto en el trabajo de Ollier dio lugar en el exilio a una apertura y una desorientación de las experiencias subjetivas. A su vez, podemos considerar que la fractura del campo intelectual que señala de Diego a partir de la violencia ejercida por la dictadura de 1976 es análoga a la fractura de la economía afectiva de la militancia revolucionaria, su economía afectiva, en términos de Sara Ahmed (2007; 2014), en la que es posible reconocer las condiciones de producción, circulación y recepción de las emociones, determinantes para la vida pública e intervienen primordialmente en la conformación de los cuerpos, su interrelación y su posicionamiento o impugnación en el espacio social. En este sentido, la economía afectiva revolucionaria se rompe y el sujeto debe incorporarse en un nuevo y desconocido circuito de las emociones. Esta reconstrucción del contexto en el que se escribe y organiza <italic>Su fuego en la tibieza</italic> brinda una clave interpretativa para reconocer la configuración de un nuevo sujeto poético que, en primer lugar, se despersonaliza para luego, hacia el último apartado del libro, desdoblarse en una estructura dialógica en la que el yo se dirige a sí mismo en segunda persona para impugnar el propio estado de melancolía y el apego hacia un pasado irrecuperable, mientras intenta explicarse su condición actual.</p>
			<p>Se trata de “Exilio en el Masnou”, apartado en el que nos detendremos en este trabajo, el cual compone el trazado de un mapa afectivo, en términos de Flatley. Para el autor norteamericano pensar los afectos implica partir de una lógica relacional y transformativa en un plano intersubjetivo, en el que el sujeto es visto en el mundo material circundante, al que se apega y recrea, a la vez que se recrea a sí mismo. De este modo, un mapa afectivo es una tecnología de representación de la propia vida afectiva, históricamente condicionada y en estado cambiante (2008, p. 7). En esta línea, tras sobrevivir a lo que Szpunberg denominó “un cataclismo histórico” (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Freidemberg, 2008</xref>), examina un orden para el que no hay denominación previa posible, en la medida en que el discurso teleológico de la revolución ya no reviste un carácter exegético (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Basile, 2018</xref>). </p>
			<p>Así, para abordar la experiencia del exilio en estos poemas, los ensayos que Gaston <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bachelard escribe en <italic>La poética del espacio</italic> (2016</xref>) resultan especialmente iluminadores, puesto que el filósofo francés, a través de una fenomenología de la imaginación, explora los modos a través de los cuales de la imagen poética se irradian espacios de lenguaje y el modo en que estos mismos alojan la experiencia humana. Por un lado, nos interesa la caracterización que Bachelard hace del hogar como espacio que:</p>
			<disp-quote>
				<p>[...] ha inscrito en nosotros la jerarquía de las diversas funciones de habitar. Somos el diagrama de las funciones de habitar esa casa y todas las demás casas no son más que variaciones de un tema fundamental. La palabra hábito es una palabra demasiado gastada para expresar ese enlace apasionado de nuestro cuerpo que no olvida la casa inolvidable (p. 45). </p>
			</disp-quote>
			<p>Es decir, se trata de un espacio de protección, bienestar y afectividad que constituye un anclaje identitario inscrito físicamente, al gravarse en costumbres orgánicas de quietud y movimiento. La casa delimita un “adentro” capaz de resguardar al sujeto de las agresiones provenientes del “afuera” que se despliega en el lado convexo. Siguiendo esta línea, nos interesa la dialéctica entre el adentro y el afuera, que Bachelard describe como una “dialéctica de descuartizamiento” (p. 250-251). Se refiere al modo siempre doloroso en que se resuelve la oposición conflictiva del aquí y allá, lo interior y lo exterior, que conlleva la espacialización del pensamiento al generar una transposición de territorios que se excluyen. Bajo estas premisas, es posible afirmar que “Exilio en el Masnou” elabora la construcción poética de un hogar que aloja en su misma ’conformación la dialéctica del aquí y del allá al que se refiere Bachelard. De esta manera, si, de acuerdo con Patricia Clough (2015), los afectos implican una complejidad no-lineal que preservan y reactualizan acciones y contextos de diferentes temporalidades, en los afectos se habilita la posibilidad de un porvenir. Ahora bien, la sección se compone de siete poemas numerados, y solo dos de ellos llevan título: el primero, y más extenso, “Talón de Aquiles”, y el último, “También cuando se come se habla”. Al igual que ocurre en las secciones anteriores del poemario, reingresan numerosas formulaciones que ya habían sido expresadas como evocaciones que, debido a su fuerza afectiva, extraen la poética de Szpunberg de la linealidad temporal. A su vez, a diferencia de las secciones anteriores del libro, estos poemas son de mediana extensión y mantienen el verso libre por sobre la forma versicular, predominante en <italic>Su fuego en la tibieza.</italic></p>
			<p>Al ingresar a “Exilio en el Masnou”, en “Talón de Aquiles” se advierte una atmósfera de nostalgia, donde el sujeto de la enunciación se dirige a sí mismo, en segunda persona singular en su flexión ibérica (en lugar de optar por el voseo rioplatense), de pie frente al mar: </p>
			<disp-quote>
				<p>Otro hombre ya paseó junto a este mar llorando a su amigo muerto, pero no eres hijo de ninguna diosa ni vistes una armadura negra, tus amigos son los únicos dioses que en la tarde no pueblan ninguna montaña ni son convocados por el fuego: bien sabes que estos dioses tuyos que murieron no se levantarán, ni tan siquiera un poeta ciego recordará sus hazañas y sus nombres. La misma espuma que hace siglos mojó una sandalia alada ahora moja la punta de tu zapato que nunca te acuerdas de lustrar, tus dioses son pobres, tu guerra es -o fue- más pobre, quizás ni una guerra, pero te levantas las solapas del saco y procuras encender un cigarrillo, te agachas para proteger esa débil llamita entre tus manos: no, nadie te ha tomado delicadamente por el talón, eres vulnerable, y todas tus glorias caben en el puño del viento: abandona la costumbre de llevarte la mano a la cintura, este ruido es el mar, no temas, es la batalla más triste. Volverás a casa con los zapatos mojados, qué importa, por el camino comprarás el diario e inútilmente buscarás esa noticia, como si todo esto fuera un sueño, una batalla a punto de desplomarse (2013, p. 210)<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref>.</p>
			</disp-quote>
			<p>Efectivamente, en este poema parece instalarse la pesadumbre como tono irrevocable frente al exilio y es el de mayor espesor melancólico. Se desvanece definitivamente la épica revolucionaria, al negarse incluso la gesta misma cuando se pone en duda su condición de guerra. Se afirma la propia vulnerabilidad, se insiste en la inutilidad de buscar noticias en el horizonte y se sentencia que es el mar “la batalla más triste”. No hay singularidad en la experiencia ya que “otro hombre ya paseó junto a este mar llorando a su amigo muerto”. Esta imagen, que en los poemas anteriores se asociaba a la desaparición de los compañeros, con los “Vuelos de la Muerte” en particular<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref>, adopta ahora nuevas fluctuaciones de sentido y remite al desarraigo. Esto se confirma en el poema II de “Exilio en el Masnou”, donde persiste la estructura dialógica y el sujeto se interroga en un mismo sentido: “¿Has mirado el mar increíblemente azul en el atardecer?/Tus ojos lejos, más lejos, buscan otra cosa en el horizonte”, y luego “¿a quién escribirías absurdas palabras que digan lo que allá no se puede decir?/Es inútil, sólo eres un hombre que camina por la playa/y tu huella se borra apenas levantas el pie”, para finalmente preguntar “¿quién de los tuyos se apoya en este instante contra la costanera,/allá, al otro lado del mar, y escupe contra el agua?” (p. 210-211). Se delimita, entonces, un “allá” donde están los propios, al que se intenta acceder decodificando las señales a través del mar, voluntad que se nombra, con amargura, inútil, a la vez que se señala la nimiedad de la presencia del sujeto, incapaz de dejar huellas.</p>
			<p>Resulta llamativo, sin embargo, que en los últimos versos del primer poema “Talón de Aquiles”, el sujeto se diga a sí mismo “volverás a casa”, al hacer referencia al sitio en el que ahora reside, en lugar de aquel “allá” que se mantiene distante y del que lo separa el mar. Cabe destacar que, en la primera parte de <italic>Su fuego en la tibieza</italic>, “Casa allanada”, se evoca, a través de una inquietante lengua impersonal, otra casa, de la que insistentemente se señala que “solo falta” el cuerpo que da forma al espacio, y son los objetos de la cotidianeidad los que lo reclaman. Distinta es la casa de “Exilio en el Masnou”, a la que se vuelve y se habita, donde alguien espera. Una vez más, debemos volver al análisis de <xref ref-type="bibr" rid="B10">Flatley</xref>, resulta de especial interés, dado que se detiene puntualmente en la melancolía no como un estado de desinterés o abatimiento, sino, por el contrario, como una fuente de conexión que produce una forma específica de conocimiento sobre el mundo, así como una atmósfera anímica que evidencia la historicidad de una subjetividad (2008). El autor parte de estos conceptos para abordar el modo en que ingresa la experiencia de la modernidad en la obra de un número de escritores, y sostiene que, en sus escrituras, donde predomina una atmósfera melancólica a partir de diversas formas de apego, se diagraman diferentes mapas afectivos, movilizados por el deseo de reconocer y comprender el nuevo terreno afectivo. De esta manera, es posible trasladar estas consideraciones a una lectura del conjunto de poemas de “Exilio en el Masnou” capaz de comprender y ampliar los sentidos del estado melancólico, más allá de la asimilación de la derrota y el desarraigo. Resulta emblemática la primera mención de la figura de la “hija”, que se enlaza al amor, la calidez y domesticidad. En el poema III, entonces, que se cita a continuación, el sujeto desdoblado se dice:</p>
			<verse-group>
				<verse-line>Mira la espuma, es como un juego.</verse-line>
				<verse-line>El castillo de arena que esta mañana levantó tu hija</verse-line>
				<verse-line>aún resiste y en su costado</verse-line>
				<verse-line>aún puede verse la huella de la mano pequeña.</verse-line>
				<verse-line>La espuma lo cerca, es como un juego</verse-line>
				<verse-line>levantar castillos todas las mañanas</verse-line>
				<verse-line>que mueren para volver a levantarse.</verse-line>
				<verse-line>La espuma te moja la punta del zapato, es como un juego (2013, p. 211).</verse-line>
			</verse-group>
			<p>La reiteración de la aclaración “es como un juego” desplaza, por primera vez, el tono afligido de los poemas precedentes, y es un juego que la hija juega: levantar castillos capaces de resistir en los que sí persisten las huellas, y que, al ser arrastrados por la marea, como un juego, se volverán a levantar. Este poema enriquece la mirada sobre la experiencia del exilio, que se refuerza con la renuncia del poema V:</p>
			<verse-group>
				<verse-line>Llueve a lo lejos, te dice el pescador, y señala el horizonte.</verse-line>
				<verse-line>Asientes y miras hacia esa lluvia solitaria en medio del mar.</verse-line>
				<verse-line>¿Para quién cae?, quisieras preguntarle al pescador, aunque sabes</verse-line>
				<verse-line>que esa lluvia es solo eso, un dulce murmullo para nadie.</verse-line>
				<verse-line>A tus espaldas, contra la montaña, se levantan las casas:</verse-line>
				<verse-line>subirías a contarle a alguien que ahora llueve en el medio del mar</verse-line>
				<verse-line>y que hay tristezas que flotan como islas a lo lejos,</verse-line>
				<verse-line>pero la lluvia corre los peces hasta la costa, te dicen</verse-line>
				<verse-line>para explicarte el sentido de insistir cuando allá llueve.</verse-line>
				<verse-line>Subirás con las manos vacías, pero decides intentarlo:</verse-line>
				<verse-line>buscan el calor de la costa, respondes, como si entendieras (2013, p. 212).</verse-line>
			</verse-group>
			<p>El horizonte reaparece, señalado por un pescador, que indica la lluvia en el medio del mar. Para el sujeto, esto parece remitir a la pregunta o bien por quienes están en el mar, o bien por quienes están después del mar. Se dice a sí mismo, entonces, que subirá a su casa habiendo hallado una señal de las tristezas que flotan a lo lejos. No obstante, en el diálogo con el otro, el pescador local, estos sentidos son afectados, se resignifican: el calor de la costa atrae los peces. El sujeto, entonces, participa de un saber local, colectivo, y se enlaza al territorio que ahora habita. Así, mientras se añora la ciudad que se debió abandonar, estos poemas también se anclan en una nueva espacialidad, en un movimiento que no supone una jerarquía o disimetría, tal como se expresa en el último poema, “También cuando se come se habla”. En él, regresan la mesa, las cucharas, la tibieza de la primera serie, “Casa allanada”, ahora con una presencia transformadora, la de la hija que el padre alimenta y a quien le confiere un nuevo conocimiento:</p>
			<verse-group>
				<verse-line>En este plato enlozado cabe toda la sopa que aún humea,</verse-line>
				<verse-line>el rayo del sol hiere el juego del vapor en el aire</verse-line>
				<verse-line>y te quedas mirándolo en silencio.</verse-line>
				<verse-line>Apoyas la cuchara en el borde del plato,</verse-line>
				<verse-line>lentamente, como si temieras que el ruido despertara algún recuerdo.</verse-line>
				<verse-line>Enfrente tuyo, tu hija sorbe la sopa</verse-line>
				<verse-line>y con un fideo entre los labios te pregunta si hoy es mañana.</verse-line>
				<verse-line>Hoy es hoy, le dices, y mañana es mañana, pero sonríes</verse-line>
				<verse-line>y le enseñas que la cuchara puede flotar en la sopa como un barco,</verse-line>
				<verse-line>un barco pesado y humeante que sabe ir y volver, también volver (2013, p. 212).</verse-line>
			</verse-group>
			<p>Este poema, que clausura <italic>Su fuego en la tibieza</italic>, se alinea con lo que Szpunberg señala sobre el exilio en la entrevista de Boccanera: </p>
			<disp-quote>
				<p>[…] con mis hijas ya no se trataba sólo de satisfacer el hambre sino también las ganas de vivir. Entonces el asunto no era tirar huevos fritos o fideos, sino una mesa con un mantel, con platos, y aprender a cocinar; calcular qué cocino hoy, mañana no puedo cocinar lo mismo. Así se fue armando una casa (p. 164).</p>
			</disp-quote>
			<p>El modo en el que se configura la experiencia del exilio, entonces, no puede escindirse de la dimensión afectiva del hogar, alrededor de una mesa que ahora se presenta habitada. El predominio de una atmósfera melancólica apegada a la pérdida y el desarraigo encuentra una desviación en el sentimiento de solidaridad, pertenencia y cariño que el sujeto de la enunciación en estos poemas demuestra experimentar. El mar, el pescador, el castillo de arena y la mesa compartida con la hija son puntos de anclaje y transformación en la experiencia del mundo material de <italic>Su fuego en la tibieza</italic>. De este modo, la escritura inaugurada por este poemario da lugar a una nueva flexión en la poética del autor que se pronunciará en los libros subsiguientes: <italic>Apuntes</italic> (1987) y <italic>La encendida calma</italic> (2002), y será objeto de revisiones que comenzarán con <italic>Luces que a lo lejos</italic> (2008) y continuarán en todos sus poemarios posteriores. En este sentido, la escritura de <italic>Su fuego en la tibieza</italic> comporta un devenir, si, en términos deleuzeanos, los devenires son procesos que no deben ser juzgados por su resultado posible sino por la cualidad de su curso y la potencia de su continuación. A su vez, este poemario interviene como trabajo de la memoria de suma complejidad y potencia en los procesos de construcción colectiva de las narrativas sobre el pasado reciente gracias a la inscripción movilizadora de los afectos en la escritura poética del exilio.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="conclusions">
			<title>Conclusión</title>
			<p>Alejados del núcleo que los organizaba, numerosos escritores vieron transformada su escritura a partir de las nuevas condiciones que implicó el exilio, esto es, la conjugación del dolor del desarraigo con la libertad. En este marco se produjo lo que Szpunberg mismo llamó su “largo aprendizaje” producto del nuevo andamiaje histórico en el que se fracturan tanto el campo intelectual como la economía afectiva de la militancia armada. De esta manera, la escritura de <italic>Su fuego en la tibieza</italic>, dado el contexto en el que tiene lugar, implica un acto de resistencia contra la persecución militar, en la medida en la que se afirman en los elementos autobiográficos del poeta y la presencia de su cuerpo “con su nombre y apellido”. Partiendo de esta premisa, entonces, se repuso la trayectoria política del autor al momento de publicar este poemario, en la medida en que su concepción de la poesía es indisociable de la militancia como praxis vital. Ahora bien, el proyecto revolucionario del que participó Szpunberg, así como los compañeros que por los poemas preguntan insistentemente, quedaron anclados en el “allá” que se configura a partir del exilio de 1977. Este aspecto se refuerza con las declaraciones del poeta que se entiende a sí mismo como “en tránsito”, desprovisto del lugar al que alguna vez perteneció. Sin embargo, en “Exilio en el Masnou” es posible leer la presencia de miradas contradictorias sobre la experiencia del exilio. En este punto cobran relevancia los estudios en relación con los afectos, que nos ha permitido avanzar en la interpretación de tales ambivalencias.</p>
			<p>Por un lado, por sobre el ardor revolucionario, emergen como nuevas fuentes de movilización y aprendizaje la vida afectiva del hogar y la familia, en palabras del autor, los lazos de amor que siempre tienen lugar. A su vez, como trabajo de memoria, la experiencia del exilio no se traduce únicamente en pérdida y desarraigo, sino que, al destacar los afectos, se configura un nuevo mapa afectivo en el que conviven los sentimientos de melancolía con los de optimismo que transforma el espacio del mar, que es, en este poemario, al mismo tiempo el lugar donde yacen los cuerpos torturados, la distancia infranqueable y el territorio al cual se puede volver. A partir de lo expuesto, entonces, podemos afirmar que la lectura de <italic>Su fuego en la tibieza</italic> a la luz de distintas teorías de los afectos ha permitido trazar la clave interpretativa que elegimos para abordar estos textos, al abrir camino a nuevas lecturas en los estudios sobre la poesía en el exilio.</p>
		</sec>
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	<back>
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			<title>Referências Bibliográficas</title>
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					<source>La política cultural de las emociones</source>
					<publisher-loc>México</publisher-loc>
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					<source>De la revolución a la democracia. Cambios privados, públicos y políticos de la izquierda argentina</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
					<publisher-name>Siglo XXI</publisher-name>
					<year>2009</year>
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			<ref id="B18">
				<mixed-citation>Redondo, Nilda. <italic>La voz popular y el concepto de patria</italic>. La Plata: Ediciones de la campana, 2016.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Redondo</surname>
							<given-names>Nilda</given-names>
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					<source>La voz popular y el concepto de patria</source>
					<publisher-loc>La Plata</publisher-loc>
					<publisher-name>Ediciones de la campana</publisher-name>
					<year>2016</year>
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			<ref id="B19">
				<mixed-citation>Steiner, George. <italic>Extraterritorial. Ensayos sobre la literatura y la revolución del lenguaje</italic>. Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2000.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Steiner</surname>
							<given-names>George</given-names>
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					<source>Extraterritorial. Ensayos sobre la literatura y la revolución del lenguaje</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
					<publisher-name>Adriana Hidalgo</publisher-name>
					<year>2000</year>
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			<ref id="B20">
				<mixed-citation>Szpunberg, Alberto. Una valija a medio abrir, a medio vaciar. In: Boccanera, J. (ed.). <italic>Tierra que anda</italic>. Buenos Aires: Ameghino, 1999.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
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							<surname>Szpunberg</surname>
							<given-names>Alberto</given-names>
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					<chapter-title>Una valija a medio abrir, a medio vaciar</chapter-title>
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							<surname>Boccanera</surname>
							<given-names>J</given-names>
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					<source>Tierra que anda</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
					<publisher-name>Ameghino</publisher-name>
					<year>1999</year>
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			<ref id="B21">
				<mixed-citation>Szpunberg, Alberto. Seré el que seré, <italic>Su fuego en la tibieza</italic> [1981]. In: Szpunberg, A. <italic>Como sólo la muerte es pasajera. Poesía reunida 1962-2013</italic>. Buenos Aires: Entropía, 2013.</mixed-citation>
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							<given-names>Alberto</given-names>
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					<chapter-title>Seré el que seré, Su fuego en la tibieza </chapter-title>
					<comment>[1981]</comment>
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					<source>Como sólo la muerte es pasajera. Poesía reunida 1962-2013</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
					<publisher-name>Entropía</publisher-name>
					<year>2013</year>
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        <fn-group>
		<fn fn-type="other" id="fn1">
			<label>1</label>
			<p>En la revista Macedoño de otoño de 1971 encontramos dos de los poemas de la serie “Correspondencia Baires - Salzburgo”.</p>
		</fn>
		<fn fn-type="other" id="fn2">
			<label>2</label>
			<p>Jorge <xref ref-type="bibr" rid="B16">Monteleone (2016)</xref> propone una teoría del imaginario poético para sortear los problemas que supone el yo del poema. Así, frente a todo corpus de poemas debemos reconocer una tríada entre el sujeto imaginario del poema, que se corresponde al sujeto de la enunciación, el sujeto simbólico, que se inscribe en un espacio socialmente tipificado, y la figura de autor, a través del cual ingresan a dicha objetivación social elementos de la experiencia biográfica. En esta triangulación, no habría un yo de origen sino una circulación de los contenidos subjetivos del poema.</p>
		</fn>
		<fn fn-type="other" id="fn3">
			<label>3</label>
			<p>Como advertimos en notas al pie de página anteriores, debe reconocerse, no obstante, la publicación de algunos poemas en revistas culturales nacionales. Citamos, a modo de ejemplo, además de los textos aparecidos en <italic>Macedonio</italic> año III n. 9/10 (otoño de 1971), la aparición de versiones preliminares de dos de los poemas de 1981 en <italic>Crisis</italic> n. 32 (diciembre de 1975). Ya en el exilio, pueden citarse sus publicaciones en la revista <italic>Testimonio latinoamericano</italic> del año 1980<italic>.</italic> En estas y otras revistas de la época el autor publicará, además, entrevistas, reseñas y ensayos críticos. Además, como ya hemos señalado, el poeta fue director del suplemento cultural de <italic>La Opinión</italic> hasta su intervención por parte del gobierno militar en marzo de 1976.</p>
		</fn>
		<fn fn-type="other" id="fn4">
			<label>4</label>
			<p>El autor nombra, como ejemplos paradigmáticos, a la generación del 37, a Sarmiento en particular y su <italic>Facundo</italic>, al personaje exiliado y perseguido de <italic>Martín Fierro</italic> y la novela <italic>Respiración artificial</italic>, protagonizada por una serie de exiliados que polemizan sobre la literatura nacional.</p>
		</fn>
		<fn fn-type="other" id="fn5">
			<label>5</label>
			<p>En este y en todos los casos, se citan los poemas presentes en la obra reunida de <xref ref-type="bibr" rid="B21">Alberto Szpunberg</xref>, <italic>Como sólo la muerte es pasajera</italic> (2013).</p>
		</fn>
		<fn fn-type="other" id="fn6">
			<label>6</label>
			<p>En el segundo apartado de <italic>Su fuego en la tibieza</italic>, en el poema titulado “Manual de Geografía”, asistimos a una interrogación por la práctica genocida conocida como “vuelos de la muerte”, a partir de los versos “¿ya se han sumado a esta línea los cuerpos arrojados desde un avión? /¿cambia mucho el curso de un río cuando un corazón se deposita en el fondo de sus aguas?/¿qué ola de barro se encrespa inútilmente a la altura del codillo del Río de la Plata?”. A partir de este poema, son numerosas las menciones al mar como “gesto metonímico de la totalidad de los masacrados, secuestrados, torturados, desaparecidos” (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Redondo, 2016</xref>, p. 207).</p>
		</fn>
         </fn-group>
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